viernes, noviembre 17, 2006

ENSAIMADAS

Finalmente las autoridades aeroportuarias han tenido que transigir: pese a lo estricto de las normas que prohíben llevar líquidos de cualquier clase en las cabinas de los aviones, se permitirá que los viajeros porten las ricas ensaimadas que venden en el aeropuerto de Mallorca, a pesar del relleno viscoso que las caracteriza. Puede que algún terrorista haya tomado nota y ande ya urdiendo una ensaimada rellena de explosivo líquido… Todo es posible en este desquiciado mundo, y lo único que no lo es, digan lo que digan las autoridades, es la pretensión de seguridad absoluta. Más que el cine, es la propia vida cotidiana la que nos ha enseñado que cualquier cosa puede convertirse en un arma asesina. No hace falta mucha imaginación para idear crímenes que pudieran cometerse con un calcetín, una patilla de gafas, la hebilla de un cinturón o una horquilla para el pelo. Incluso pudiera darse el caso de que tres o cuatro hombres fornidos, sin necesidad de ningún arma, y utilizando su mera fuerza física, se hicieran con el control de un avión, aprovechando el desconcierto y el miedo cerval de las presuntas víctimas. Así que lo único seguro es que, dentro de unos meses, habremos de constatar que el ingenio de los asesinos ha descubierto un nuevo método para matar que las autoridades no habían ni soñado. Y que éstas intentarán conjurar el peligro con una nueva serie de onerosas, aburridas y humillantes prohibiciones.

Por eso se alegra uno de que, al menos en un caso, hagan una excepción. Cuántos apresurados hombres de negocios no deberán un poco de armonía conyugal al hecho de haberse acordado, al pasar junto a la tienda del aeropuerto, de comprar unas chucherías para demostrar que, entre contrato y contrato, entre copa y copa, entre el jacuzzi y la sauna, se han acordado de su mujer o de los niños. Los ve uno portando la típica caja octogonal, incómodos y cariacontecidos, puede que íntimamente avergonzados: después de varios días en una ciudad rebosante de tiendas, de artesanía, de recuerdos de todo tipo, no se les ha ocurrido otra cosa que comprar la ensaimada de última hora que venden en el aeropuerto. Mejor eso que nada. Y las autoridades, que tienen su corazoncito, han decidido no privar a nadie de este último acto de contrición, esta llamada al orden, esta melancólica despedida de las güisquerías y las boîtes. Un hombre con una ensaimada: la imagen misma de un doble chantaje emocional: el que supone la inminencia del regreso al hogar y el que se acepta en pago de no sabemos qué expansiones indebidas.

Otros productos, suponemos, pronto reclamarán un trato parecido. Habrá que extender esa tolerancia, por ejemplo, a las botellas de moscatel u oloroso, tan reconfortantes para el ánimo maltrecho del que llega y del que espera... O emitir certificados de amor y buena conducta, en fin, para los viajeros que los soliciten.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Ramirez dijo...

Me encanta lo de la patilla de las gafas, ¿a quien matan asi en "El padrino III" a un cura o a un politico?.
Pero el mas creativo de los terroristas debe ser ese que es capaz de hacer bombas con acido bórico. Yo de pequeño hacia cañones con el tallo de un sauco pero dudo que diera potencia para derribar un 747.
Espero que tu codo esté ya listo para mas escrituras, brindis y abrazos.
Te sigo.