viernes, noviembre 03, 2006

GRUPO SALVAJE

Para algunos, Grupo salvaje (The Wild Bunch, de Sam Peckimpah) no es siquiera una película seria. A mí me fascina, y es de las pocas películas que no me han decepcionado al verlas por tercera o cuarta vez (sí me ha pasado, en cambio, con otras que consideraba más sólidas y "respetables": la última vez que vi Cabaret, por ejemplo, pese a las inmejorables expectativas con que la abordaba después de algunos años, se me derrumbó por completo; y llegué a bostezar con Uno de los nuestros, de la que también guardaba muy buen recuerdo...).

Lo importante de Grupo salvaje no es el tratamiento de la violencia: que las muertes y las caídas se filmen a cámara lenta resulta, a la postre, indiferente. Más enjundia tienen las simultaneidades; durante la fracción de segundo que tarda en desplomarse un ventanal roto, parece querer decirnos Peckimpah, pueden estar sucediendo decenas de cosas interesantes. Esas "burbujas de tiempo" aisladas del curso principal de la acción poseen una poesía que les es propia, tienen ese carácter abigarrado y poliédrico que Apollinaire o el Pessoa de "Lluvia oblicua" se empeñaban en infundirle a la realidad (a menudo tan plana y monocorde, en fin). La vida, vista de este modo, adquiere una riqueza, un espesor, inabarcables.

Pero lo verdaderamente estremecedor de la película es su nihilismo desbordado, apenas atenuado por unos pocos asideros: la existencia de un código de honor, aunque sea bárbaro; la amistad, aunque sea despiadada; la apelación a un fondo primitivo, irracional, infantil, en el que fundamentar cierta comunidad de sentimientos con otras personas. La película embriaga, sí, como una bebida malsana, y causa una extraña euforia megalómana, no muy recomendable para ciertas mentalidades propensas al desvarío. Pero también destila un agrio, torcido, disimulado optimismo final, casi a contrapelo: hasta el comportamiento más desesperado, parece decir, incluye un atisbo de redención, al que agarrarse en el último minuto. Aunque en nada se parezca a ese frívolo "segundo de contrición" que, según nuestro Tenorio, asegura la salvación del alma. Aquí el alma está perdida de antemano, y eso es precisamente lo que fundamenta esta espectacular, salvaje, despiadada búsqueda de sentido en un mundo de locos.

2 comentarios:

El Capador de Turleque dijo...

Pocos hay que consideren poco seria a "Grupo Salvaje", aunque yo prefiero, por menos tramposa, "Duelo en la alta sierra" entre esta y aquella median la trilogia del dollar y "Hasta que llego su hora". El problema de Leone es peor: la mayoria de quienes le consideran serio hoy en dia es gente poco seria.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad es que casi todo Peckimpah (exceptuando algunos bodrios de sus últimos años) es muy digno de consideración: ahí está "Mayor Dundee" o "Quiero la cabeza de Alfredo García". A Leone hay quien se lo toma en serio... como si fuera cosa de broma (es la misma actitud de perdonavidas frívolo con que muchos se acercaron al cine negro a finales de los ochenta, por ejemplo).