sábado, noviembre 25, 2006

HAZAÑAS

(Me salió moralista el artículo de la semana. En fin.)

Raro es el día en que la prensa no trae una nueva historia de éxito fulminante: el adolescente X ha ganado el campeonato del mundo de tal o cual modalidad deportiva, la jovencita Y ha firmado un jugoso contrato con una conocida marca de productos de belleza, el imberbe cantante Z inicia una nueva gira triunfal… Quiere uno pensar que los derroches retóricos con los que se da cuenta de estas hazañas no son del todo inapropiados: sin duda, tanto el deportista como la modelo o el cantante han hecho grandes esfuerzos para llegar a donde han llegado, y el éxito no es sino la justa recompensa que merecen. Intuye uno también que estas historias fulgurantes encubren no pocos fracasos menores: con todos sus millones, X aún no ha tenido tiempo ni reposo para terminar la secundaria, Y lucha con un demonio que la tienta a comer chocolatinas, Z mira ya a los entrevistadores con la mirada extraviada de quien hace años que perdió la sensación de tocar el suelo con los pies… Nadie niega que sus historias puedan ser estimulantes, e incluso ejemplares; ellos mismos se postulan, a veces, como la cara sonriente que respalda una campaña contra el hambre, la drogadicción o tal o cual enfermedad. Con tesón, con esfuerzo, nos dicen, todos los milagros son posibles.

Lo malo de ese esfuerzo, de ese tesón, por meritorios que sean, es que no coinciden con los que se les exige cotidianamente a jóvenes de su misma edad. Quizá para aprender a pilotar una moto de carreras, pongo por caso, haya que esforzarse más que para aprobar las matemáticas; y es posible que, para ser portada de una revista de modas, haya que trabajar más que para consolidar un puesto de cajera en un supermercado. Pero eso en nada consuela a la cajera desanimada o al estudiante desnortado: sus esfuerzos nunca merecerán un titular de prensa, ni se verán compensados por una lluvia de millones. Y como, en cuestión de sueños, todo está permitido, nadie puede impedir que ese estudiante o esa cajera sueñen a ratos con pilotar la moto ganadora o desfilar por una pasarela. Por duro que sea llegar hasta ahí, se dicen, no puede serlo tanto como lo que hacemos todos los días.

Y a veces, milagrosamente, hay quien pone a su alcance los medios para que esos sueños se hagan realidad. Hace unos días, leo, fue detenido un individuo que, con la excusa de hacer pruebas para una productora de televisión, filmaba y fotografiaba desnudas, para sus propósitos particulares, a las incautas que acudían al reclamo. No se sabe cuántas fueron: la mayoría no se ha atrevido a presentar denuncia, seguramente por miedo al ridículo. Su caso no es muy distinto, seguramente, del de otros tantos que empeñan sus esfuerzos, su autoestima y sus ahorros en otros sueños más o menos quiméricos. Todo antes que la rutina laboral, la oscuridad y el anonimato. Ahí están X, Z, Y… para demostrar que es posible conseguirlo.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

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