viernes, noviembre 10, 2006

JÓVENES (Y NO TANTO)

Lo más preocupante de los incidentes que tienen lugar casi todos los fines de semana en las zonas donde se concentran los jóvenes es lo que tienen de reto violento al mundo adulto. No es una cuestión de educación, como dicen los ingenuos y los biempensantes, o como repiten hipócritamente las autoridades. Los jóvenes (o no tanto, porque en esas concentraciones cada vez son más los que rozan e incluso sobrepasan la treintena) saben perfectamente cómo deben comportarse, qué perjuicios causan sus actos, qué consecuencias legales podrían tener éstos si alguna vez se les aplicara la ley. Pero deciden, libremente y fiados al poder del número, saltarse estos preceptos. ¿Que hacemos ruido? Que se fastidien los vecinos. ¿Que ensuciamos? Que limpien. ¿Que damos lugar a situaciones violentas? Allá el que le toque ser víctima… Pasa con esto lo que sucedía antes con los preceptos religiosos: sabíamos que no había que cometer “actos impuros”, o que había que ir a misa los domingos. Pero la fuerza del instinto y la pereza podían más que la norma. Lo mismo ocurre con los preceptos cívicos: se conocen, pero no se cumplen porque resulta más cómodo y divertido saltárselos y, de paso, constatar la impotencia de quienes reclaman que en los espacios públicos rijan otros principios que no sean los de la fuerza bruta y el poder de la masa.

Por eso se equivocan quienes aspiran a que el fenómeno se autorregule y suavice hasta hacerse aceptable. Porque no entienden su naturaleza: lo que se pretende no es hacer cosas “normales” (como hablar y reunirse plácidamente al fresco) del modo más civilizado posible, sino crear espacios de excepción, donde no rija norma alguna. Los adultos, por lo general, sabemos que tales espacios no existen. Pero, a ciertas edades, apetece comprobarlo. Y, además, parece justo: si durante la semana un veinteañero trabaja diez horas al día a cambio de un sueldo miserable, es lógico (piensa él) que alguna noche lo dejen desfogarse; si en circunstancias normales pueden retirarte el carné de conducir por cometer una infracción, resulta tentador incumplir todas las normas de circulación durante esas madrugadas en que la policía no da abasto; si durante la jornada laboral uno no se atreve a levantarle la voz al jefe, resulta equitativo que se pueda gritar desaforadamente en la calle (y, de paso, fastidiarles el sueño a unos pocos centenares de personas que quizá tengan la edad del jefe) a altas horas de la madrugada, amparados en el anonimato y el número.

Para evitar todo esto, pienso, bastaría con aplicar la ley con convicción. Que es justo lo que no se hace; tal vez porque, cínicamente, las autoridades piensan que es mejor que los jóvenes se desfoguen de ese modo, y no que se planteen abordar seriamente los motivos de tanto nerviosismo, de tanta agresividad mal encauzada, de tanta insatisfacción histérica y gritona.

Publicado en Diario de Cádiz el pasado martes.

10 comentarios:

Manuel Pizon dijo...

Ya es hora de que alguien ponga un poco de sentido comun en todo esto. Veremos como con el tiempo, ya hartos de tanto niñato, ya que las autoridades no toman cartas en el asunto, ni quieren, entonces volverán otra vez los tiempos buenos, los de orden y respeto. La gente mayor como yo añoramos aquellos tiempos buenos cuando España era una patria de verdad y no habia tanto gamberro por la calle. Estoy con usted.

Anónimo dijo...

"Nuestros sueños son sus pesadillas" Pintada en la pared de un instituto. Sin comentario, o perdón, comentario anexo.

isidro parodi dijo...

Sí. Problema de confundir esa palabra tan bonita y tan manoseada llamada libertad...

Anónimo dijo...

Libertad, eso es una palabra solamente que a mi no me dice nada, mientras los niñatos hacen lo que les da la gana. ¡Y que no haya nadie que ponga esto como Dios manda! Ya vermos, las cosas cambiaran. La gente esta ya harta de tanto politico inutil y de tanta democracia de mierda que permite que Rovireche y sus compinches hagan lo que les de la gana. Enhorabuena por el blog.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No exageremos, señores.

Evidentemente, hay un problema de convivencia que puede tener que ver con un mal entendimiento de ciertos derechos y libertades. Pero la solución está, no en negar esos derechos y libertades, sino en asegurar su ejercicio en un marco de responsabilidad y de respeto al prójimo. Es decir, en un marco democrático. Las autoridades deben actuar y dejar de desentenderse. Pero sólo podremos exigírselo como ciudadanos corresponsables, y no como aquellas ranas que pedían rey a Júpiter en la fábula de Esopo, y acabaron devoradas por el dragón que les mandó el dios.

Habría que plantearse si la pasividad de las autoridades no se debe, muchas veces, a que los mismos ciudadanos que se quejan de determinados problemas no están dispuestos luego a respaldar las actuaciones gubernativas cuando éstas perjudican a determinados colectivos. Tal vez muchos padres negarían su voto al político que sancionase seriamente a su hijo por participar en un acto vandálico de fin de semana, pongo por caso. Y ese tipo de demagogia, como es bien sabido, es el favorito de los regímenes populistas más o menos autoritarios.

Así que no aprovechemos los trenes baratos. Es muy posible que tengamos los políticos que nos merecemos, y que, más que un cambio de régimen (para peor), como añoran algunos, lo que necesitemos es un cambio en nuestra relación individual, la de cada uno, con lo público.

Reflexionar en voz alta sobre estas cosas, creo, es ya un buen síntoma.

Enio dijo...

Antes que defender a estos imbeciles de "los buenos tiempos" me pongo al lado de los niñatos de instituto y si hace falta otra vez con un naranjero en la mano para levantarle las fontanelas al primer cerdo que venga para quitar libertad o para decir "que no se confunda la libertad con el libertinaje" Que los cobardes que no saben ocupar su sitio llamen llorando a papá estado. Pero si yo tuviera edad y los pillara...La mision de la juventud es la de molestar, la de que pusilanimes como ustedes digan tonterias y tengan miedo, porque ustedes se van muriendo y de ellos es la vida y las pollas duras. Buah buah! yo soy democrata, pero quiero mano dura, buah buah! Yo soy progresista pero viva españa! Socorro que los jovenes nos comen! Menuda patulea de mierdas, echadle huevos o morios de asco. Lo viejos tiempos los viejos tiempos... Si te cojo te reviento el higado ¡cerdo! Tengo derecho a hablar asi y tengo cinco cicatrices de metralla del Pingarron en lo que me queda de espalda. Lo que nos hacia falta es otro intelenctualillo filofascista y a sus corifeos...

Anónimo dijo...

Fascista es el que amenaza, emplea lenguaje violento y machista y desprecia el intercambio civilizado de ideas. No confundamos los términos, como hacen los políticos en campaña electoral.

BELFAGOR dijo...

Intercambio pacifico, dialogo con talante, violencia de genero, machismo, violencia callejera, amenazas violentas, uuuy que miedo, uuuy que asco. Enio tiene razón, dentro de poco tendremos que vestirnos de gasa rosita con una abertura permanente por detras por si acaso ofendemos a alguien,sonreir siempre para no ser antidemocráticos. Pronto pediran una ley que meta en la carcel a la gente por escribir el nombre del vecino con faltas de ortografia. Aunque muera de asco me desgañitaré gritando ¡Cobardes!
Por cierto anonimo, tu que coño sabes lo que es un fascista??????????

ramirez dijo...

Enio, Belfagor: "¡Vamonos que ya están aqui los padres de familia!"...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buen regate, Ramírez. Casi tan bueno como el del codo y las "maggiorate". El ingenio siempre se agradece. Y un poco de sana esgrima verbal, también.