miércoles, noviembre 29, 2006

PASEO MARÍTIMO

From hell with love ("Desde el infierno con amor"), leo en una de las pintadas que afean el murete que sirve de barandilla al paseo marítimo. Lo de menos, en fin, es que el mensaje esté en inglés, o que la pintura con la que ha sido trazado amenace con ser más duradera que la propia pared que le sirve de soporte o, ya que estamos en ello, el propio paseo marítimo, tan baqueteado por los últimos temporales. Lo que verdaderamente ofende de este bárbaro acto de escritura es... su cursilería. Qué cursis, qué relamidas, qué redichas suelen ser, la mayoría de las veces, estas manifestaciones presuntamente marginales o radicales. Qué poco "maldito" es, casi siempre, el malditismo juvenil. Qué infierno ése tan poco infernal, en el que hay pinturas de colores, como en las guarderías, y estafeta de correos.

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Ese gato no lee las pintadas. Se ha quedado dormido panza arriba sobre uno de los bloques de la escollera. Envidia uno esa especie de abandono sin edad: esa blandura de peluche de un bebé, esa mueca rendida de vieja adormecida en una mecedora. Privilegios de gato: si se tiene siete vidas, por qué no vivir dos o tres al mismo tiempo, mientras uno duerme.

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También hay gente que toma el sol, en la playa. La temperatura a ras de arena debe de ser similar a la del verano: Yo mismo, en el paseo, he ido quitándome el chaquetón, la bufanda, el jersey... y quedo en manga corta, como en agosto. Sin embargo, los que toman el sol adoptan actitudes recatadas: a lo sumo, se remangan la camisa o el pantalón. Con lo que el pudor, deduzco, se ha convertido en una cuestión estacional. Me lo confirma una bañista atrevida que sale del agua... con uno de esos bikinis acorazados que gastaban las actrices italianas en las películas de los años cincuenta.

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