martes, noviembre 14, 2006

POLÍTICA

Dentro del propio marxismo, no es lo mismo tener como referente a Lenin que a Walter Benjamin. El verdadero progresismo -si es que esa palabra significa algo- debería consistir en asumir la duda, la crítica, el desamparo que supone no acogerse a las soluciones prefabricadas o al rebaño uniformado. Por desgracia, no suele ser esto lo que dan a entender muchos que se definen "de izquierdas".

El adanismo, la peligrosa creencia en que lo ideal sería comenzar a partir de cero, no es de izquierdas. Y, sin embargo, es una tentación a la que la izquierda se ve abocada constantemente, quizá por falta de discurso o de recursos para captar la complejidad de la realidad y encontrar el modo de incidir críticamente en ella, con la esperanza de hacerla más habitable y justa. El nihilismo, ay, no es, no puede ser de izquierdas. Digan lo que digan los nihilistas.

Aunque, en esto de la política, las palabras son de una imprecisión espeluznante: llamar "conservadores", por ejemplo, a los partidarios de ese capitalismo desaforado que destruye las ciudades, el patrimonio histórico y el medio natural es, sin duda, una broma. De muy mal gusto.

Lo mismo pasa, en este campo, con los insultos. Llamar "fascista" a cualquiera, pongo por caso, viene a ser el modo más eficaz de devaluar la palabra, de restarle peso específico y carga histórica.

Claro que tal vez estemos hablando de tonterías, y todo este lenguaje, a la postre, no signifique nada, o sea incapaz de definir lo que pretendíamos desde el principio: la filiación del hombre que se enfrenta a la realidad sin otro recurso que su pensamiento y procura tomar respecto a ella las decisiones adecuadas.

9 comentarios:

conde-duque dijo...

En cualquier caso, "progresismo" y "Walter Benjamin" son términos contradictorios (véase la cita en mi post de ayer).

Belfagor dijo...

Desista, ese plumero sigue siendo del mismo color. Lo que se conoce como izquierda parece caerle a usted bastante peor que lo que se conoce como derecha. Da la impresión de que ha sufrido a mucho "intelectual de izquierdas"-le entiendo-. Tal vez, eso en la derecha no le vaya a suceder jamás, puede que eso sea lo que a usted le atraiga.
Yo estaria orgulloso de devaluar unas cuantas palabras. Hay metodos como el que usted señala que me parecen atractivos, puede que siga por ahí.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene usted parte de razón: se muestra uno más crítico con lo que tiene más inmediato; que, en mi caso, como en el de mucha gente de mi edad, es un periodo formativo marcado por la influencia intelectual de la izquierda. Para mí es importante, a estas alturas de mi vida, clarificar mis ideas. En cuanto a la derecha, no es que me caiga mejor; simplemente, es un mundo que no me interesa, y que considero ajeno a las cuestiones que me preocupan. Es cierto que, al mostrarse uno crítico con la izquierda, aparecen inesperados e incómodos compañeros de viaje. Créame: aunque agradezco todas las aportaciones y estímulos que recibo en esta "bitácora", no me dejo halagar por según qué aplausos, lo mismo que trato de no dejarme amilanar por los improperios de otros. O lo intento, al menos.

Gracias por su asiduidad.

parvus dijo...

Tu artículo ilustra una hermosa, elegante y conmovedora postura seráfica, ideal para quedar bien en un mundo que no sea este, donde los beneficios de las transnacionales norteamericanas hacen que las calles de Bagdad apesten a carne quemada.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Más bien creo lo contrario: lo que hace posible esas trágicas realidades que usted denuncia es la renuncia al pensamiento crítico, a favor de las simplificaciones. No olvide que, puestos a aunar fuerzas a base de simplificaciones, la derecha lo hace incluso mejor que la izquierda. El siglo veinte abunda en trágicos ejemplos.

parvus dijo...

Su insistencia en el concepto de "lo trágico" es sumamente reveladora. Lo trágico (en su origen en la grecia antigua) aludía a una concatenación estúpida de hechos que termina por provocar un resultado desastroso. Nada de lo que ahora mismo está ocurriendo en el mundo y en nuestras sociedades es "trágico" en este sentido. Todo tiene sus causas. Y esas causas podemos rastrearlas en las cuentas de beneficios de la Banca, de la Industria armamentística, de las grandes multinacionales, del Capital financiero, etc. Lo que sí amenaza con ser "trágico" es la ceguera voluntaria, quizá interesada, de ciertos elementos de la casta intelectual. La ceguera y la tragedia se relacionan muy estrechamente. Hay cierta complejidad que es imprescindible para pensar lo real. Hay otra complejidad que tiende a incrementar la confusión, a que la realidad se vuelva incomprensible, y a dificultar cualquier acción práctica y transformadora sobre ella.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Creo que no estoy del todo en desacuerdo con su sentir, amigo Parvus. Y lamento no hacerme entender. No hay nada más favorecedor de la "ceguera voluntaria" que las simplificaciones ideológicas. En eso, el pensamiento crítico no puede imitar a la derecha y su "pensamiento único". Por eso insisto en lo primero que decía en este comentario: menos Lenin y más Benjamin.

En lo que no estoy de acuerdo es en su concepto de tragedia. No creo que la tragedia griega sea un simple encadenamiento de tonterías; más bien, parece una muy certera representación del alcance y consecuencias de determinadas decisiones humanas. Pero eso sí que no lo podemos resolver en este breve intercambio verbal.

parvus dijo...

Abundo en la idea de que quizá no estemos tan en desacuerdo. Con la salvedad de que tampoco hay que asimilar a Lenin (un pensador de una agudeza y una profundidad nada desdeñables)con las bienintencionadas aunque penosas simplificaciones de los catecismos "leninistas".

Otra salvedad respecto a la tragedia. Yo no pondría en el énfasis sobre el elemento de la decisión, sino sobre el de la equivocación, que los griegos llamaban, como usted sabe, hamartía. La hamartía inicial del héroe es la que desencadena una línea de causalidad tan imprevista como fatal, por fuera de cualquier decisión. Hay tragedia en la medida en que la equivación anula la posibilidad de decisión del héroe, y consecuentemente su libertad.
Le recomiendo, si no las ha leído desde este punto de vista, las novelas de Hammet, donde los mecanismos económicos de la barbarie (que no sociedad) capitalista le hacen la suplencia al ineluctable Destino de los griegos.
saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ahora sí: lo de la "equivocación" es certero y agudo; y estoy de acuerdo en lo que dice de Hammet.

A lo del leninismo se puede añadir que, hoy por hoy, todos los partidos, incluso los de derechas, son leninistas, en el peor sentido de la palabra. Todos practican el "centralismo democrático", que en la práctica consiste en la eliminación de la disidencia y la oposición interna.

¿Seguro que las "simplificaciones" de los catecismos leninistas son bienintencionadas? Yo leí uno, en mi juventud: el de George Politzer. Todavía me estoy llevando las manos a la cabeza. Sobre todo, de pensar que personas en las que yo confiaba y a las que atribuía solvencia intelectual se tomaban en serio semejante engendro. Cosas de aquellos años, supongo.

Un saludo.