jueves, noviembre 30, 2006

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Hablando con un amigo editor, se me pasa por la cabeza (y la suelto, tal cual) esta ocurrencia respecto a la eterna dicotomía entre el éxito de público y el éxito de crítica. Supongo que éste último -le digo- se mide por las reseñas conseguidas por el libro en cuestión. Y el valor de cambio de una reseña bien pudiera tasarse, en fin, en lo que valga un anuncio del mismo formato que ella publicado en las mismas páginas. Así, una reseña en Babelia, pongo por caso, debería aportar a la teórica cuenta de beneficios del libro el precio de un anuncio del mismo tamaño publicado en ese medio.

Al fin y al cabo, eso es lo que el público ve: el espacio ocupado y el tamaño de la foto. Y se ha dado el caso de algún libro que, habiendo cosechado muy malas críticas, ha llegado a ser un éxito gracias, imagino, al efecto que la mera existencia de esas críticas (del espacio que ocupan) tiene sobre el público que hojea (quién va más allá) los suplementos.

Claro que este cálculo deja fuera las, en ocasiones, únicas reseñas verdaderamente dignas de tenerse en cuenta: las de esos desconocidos entusiastas que escriben sobre un libro en tal o cual revista ignota y mal distribuida, de ésas que editan, normalmente en provincias, cuatro amigos con más ganas que recursos. Esas revistas donde nadie pagaría un céntimo por anunciarse.

1 comentario:

isidro parodi dijo...

Y dice el de "La catedral del mar" que no ha escrito el libro solo...Las musas, en este caso, tuvieron la apariencia de expertos en marketing y otros agentes de similar ralea...

Si es que, como diría aquel,tó er mundo es güeno...