miércoles, noviembre 01, 2006

SÍNDROMES

Quizá convenga decir -oídos Boadella, Espada y demás debeladores y críticos del régimen nacionalista imperante en Cataluña- que el síndrome particularista no es exclusivo de esa comunidad autónoma. Basta escuchar el acento amanerado y sospechosamente uniforme de los locutores de Canal Sur para constatar que los pruritos de diferenciación lingüística no afectan sólo a quienes poseen una lengua propia distinta al castellano. La redacción tortuosa del nuevo proyecto de estatuto de autonomía andaluz indica un difícil equilibrio -más bien, una esquizofrenia- entre los sentimientos de pertenencia a un espacio cultural y político compartido y la reserva de que, pese a todo, tenemos tantos títulos identitarios como el que más. Aunque estos títulos se reduzcan a unos pocos episodios extraparlamentarios y anecdóticos hasta ahora olvidados, confundidos en el agitado panorama político español de principios de siglo. En ese magma, que lo mismo da para un roto que para un descosido, hemos encontrado padre de la patria, himno, bandera y artefactos retóricos para nutrir las pretensiones de diferencia. Bueno. Hasta ahora hemos hecho un uso más o menos inocuo de esos hallazgos de guardarropía. Pero nada impide pensar que, si alguna vez el poder cambia de manos en Andalucía, otros no los utilizarán de un modo sectario y excluyente. Ponerles armas en las manos es un error, como los socialistas deberían saber muy bien, después de haber cedido literalmente el poder, durante la transición, a los nacionalistas catalanes y vascos en sus respectivos territorios.

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