lunes, noviembre 27, 2006

SOLITARIOS

¿No da la impresión de que el trajín que se traen los políticos se está trasladando a la vida cotidiana? Llama la atención la prontitud con la que, al menor desacuerdo en el ámbito que sea (laboral, vecinal, amistoso), unos se apuntan al bando arrogante de los que se creen bendecidos por la razón histórica y otros, con igual celeridad, se cierran en banda a toda posibilidad de cambio razonado y razonable. Noveleros insufribles y reaccionarios recalcitrantes. Y ay de quien no deje lo suficientemente clara su filiación.

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También esto es literatura: "Terrorismo -dice José Luis García Martín en A decir verdad, la última entrega de sus diarios- es la utilización de la violencia al margen de la legalidad para conseguir objetivos políticos que no compartimos" (el subrayado es mío). Literatura, en fin, por lo que tiene de sutil manipulación de una formulación jurídica para, mediante la ironía, marcar distancias y dejar traslucir un malestar personal... que muchos sí compartimos. Es, si se quiere, la fórmula de los poemas de amor: elevar lo personal a categoría, para que muchos se reconozcan en esa formulación concreta. Pero la literatura tiene sus limitaciones: ningún tribunal podría condenar a un presunto terrorista a partir de una definición como ésa. A un tribunal, por ejemplo, le convendría más que el terrorismo quedara definido como, pongamos, la utilización de la violencia al margen de la legalidad... por parte de grupos de oposición política; dejando que la utilización de esa misma violencia por parte de ejércitos o gobiernos recibiese otros nombres: crímenes de guerra o de estado, por ejemplo. La literatura generaliza a partir de lo particular, mientras que otros lenguajes particularizan a partir de lo general. De ahí que, a veces, utilizar formulaciones literarias para incidir en determinados aspectos de la realidad equivalga a romper la baraja: a cambio de redescubrir esa realidad bajo una nueva luz, renunciamos a la posibilidad de actuar sobre ella.

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En ese restaurante (recuerdo ahora) no quieren saber nada de solitarios. Te preguntan: ¿cuántos van a ser?, y uno se encoge de hombros: esta humilde persona. Y entonces te dicen que está todo ocupado.

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