miércoles, noviembre 15, 2006

VISCONTI/GARNETT

Como todo en esta vida tiene sus partidarios y detractores, entiendo que haya quien proclame la superioridad de Obsesión (Ossessione, 1943), de Luchino Visconti, sobre El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice, 1946) de Tay Garnett, ambas basadas en la conocida novela de James M. Cain. La verdad es que, desde más de un punto de vista, la del italiano es mejor película, más sutil, más desnuda y elegante que el muy abigarrado y retorcido drama que pone en escena Garnett. Pero esto no es decir nada: las cuestiones de paladar se deciden de otro modo, y sobre ellas tienen poca jurisdicción los veredictos críticos, por bien fundados que éstos puedan estar. Y hay algunos factores, en este particular, sobre los que tiene mucho que decir el paladar.

La pareja protagonista de la película de Visconti, a pesar de estar encarnada por un actor y una actriz de convincente atractivo (aunque ese requisito no es del todo necesario, en fin, para hacer creíble una historia de pasiones desatadas: también los feos y los tontos las sienten), resulta básicamente antipática, quizá por la escasa familiaridad que tenemos con esos actores poco conocidos u olvidados. He ahí una de las grandes lecciones del frecuentemente vilipendiado star-system americano: la familiaridad del público con los actores facilita un espacio de tolerancia, que nos hace mirar con benevolencia, no sólo las pasiones desaforadas que padecen, sino incluso sus maquinaciones y crímenes. Con desconocidos esto no funciona: a una fregona pechugona no le perdonamos tan fácilmente lo que estamos dispuestos a perdonar a Lana Turner; a un hosco gañán no le permitiremos las extralimitaciones que tan naturales nos parecen en John Garfield. De ahí que nos parezcan tan impertinentes y pedantes las declaraciones del italiano a favor de la vida errante y la falta de ataduras..., que tan ligeras y graciosas quedan en labios de Garfield, a pesar de que intuimos en éste un cinismo de bala perdida del que el otro parece totalmente exento.

Por eso, quizá, la película americana supera a la italiana en su primera parte, la que presenta a los personajes: Garnett utiliza todos los recursos del star-system y la bendita economía narrativa característica del buen cine de Hollywood para delinear una situación explosiva: la llegada de un joven atractivo a la casa de un hombre viejo y vulgar casado con una mujer bellísima e insatisfecha; mientras que Visconti enfanga todo su planteamiento en un marco campesino y costumbrista, donde las aristas quedan embotadas por el tenebrismo, las caras largas y las poses trágicas y sufrientes. Lo mismo ocurre en el momento en el que el protagonista masculino se ve obligado a procurarse un desahogo en otra mujer: Visconti elige, pedantescamente, a una doliente prostituta angelical, a la que el ya asesino confiesa su culpa; mientras que Garnett le procura a Garfield una desenfadada e impúdica mujer de la carretera, que le confiesa sentir en la piel el calor del asiento de su coche porque lleva "una falda demasiado fina" y consiente rápidamente en irse unos días a Méjico con él. De nuevo, la rapidez, la eficacia del cine americano contra la morosidad vagamente "literaria" y moralizante del europeo.

Pero, claro, esa rapidez, ese excelente pulso narrativo, exige carnaza, para que la máquina no se pare. De ahí que la película americana se retuerza en largos vericuetos legales y sentimentales, hasta que el asesino expía finalmente su culpa, mientras que la europea, fiada de la fuerza del conflicto elemental, avanza hacia un desenlace natural y limpio.

¿Cuál es mejor película? Agotados por el enrevesado final de la de Garnett, nos decidimos por la de Visconti. Pero no hubiésemos dicho lo mismo si nos preguntan media hora antes.

2 comentarios:

El Capador de Turleque dijo...

Creo que Visconti está fuera de su sitio, no es mala su etapa neorrealista pero los dioses del cine no lo crearon para eso. Parece como si estuviera deseando ya, convertirlo todo en un gran drama para la Fenice. Recuerdo al personaje del marido canturreando un aria de la traviata. Visconti mola de verdad a partir de Senso, cuando se suelta el plumero. Lana Turner solo la recuerdo bien haciendo de Milady de Winter en los tres mosqueteros de G. Sydney y por supuesto en “Cautivos del mal”. La película de Garnett me resulta algo tosca. ¿Que me dices de la tercera vía Mamet, Rafelson y Lange, también Nicholson pero sobre todo Lange??? 25 años después me atrevo a decir que es mi favorita de las tres.
Curiosamente después de esta hubo una adaptación a la opera en 1982 con música de Stephen Paulus.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La película de Rafelson la tengo más lejana, por lo que me cuesta compararla con las otras dos. Sí recuerdo que, cuando la vi por última vez, en uno de los programas de Garci, no me pareció mala película, en contra de lo que dicen muchos críticos. Es más realista, más creíble, que la de Garnett. Pero me gusta más el tándem Lana Turner / John Garfield: el espectador no se llama a engaño con ellos. La película de Garnett, pese a su tosquedad, tiene detalles muy simpáticos: la aventura de Garfield con la mujer "de la falda fina", por ejemplo, tiene un descaro y una frescura propia del cine de los años treinta.