lunes, diciembre 11, 2006

DICTADURAS

Hay quien se lamenta de que los ciclos históricos no coincidan del todo con los vitales o biológicos. Así, dicen, es una pena que un dictador no viva lo suficiente para conocer condiciones políticas que permitan su enjuiciamiento y castigo. Pero acaso si no ocurriera así, si la vejez y la muerte no se ensañaran con los dictadores con la misma virulencia que con el resto de los mortales, algunas dictaduras (véase Cuba) no conocerían jamás el ciclo de defecciones, abandonos y abjuraciones que suele preceder su caída. Si no hay mal (incluidas las dictaduras) que cien años dure, es porque casi ningún hombre (dictadores incluidos) dura cien años. Aunque, a veces, parezca que harían falta cien años, y más, para desenredar la maraña de abusos y crímenes cometidos. Lo que, por otra parte, nos ahorra no pocas decepciones: muerto Pinochet, ahora sí podemos irnos a dormir tranquilos, en la seguridad de que, si hubiera durado algunos años más, quizá habría sido definitivamente juzgado y condenado por sus crímenes (ese juicio, en fin, que hace años que parece inminente y que no ha llegado a alcanzarlo).

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