viernes, diciembre 15, 2006

LA DURMIENTE

Weekend (1967): según algunos, una de las mejores películas de Godard. Me gustó de ella la tensa escena en que la protagonista, en bragas y sujetador, le cuenta al marido una extraña aventura sexual en la que se ha visto envuelta. La escena, mal iluminada (voluntariamente, supongo), deja al marido en una especie de semipenumbra a contraluz que contribuye poderosamente al distanciamiento y frialdad con que formula sus preguntas. Y la mujer semidesnuda se nos presenta, bajo esa luz casera, casi de cine amateur, con una muy efectiva inmediatez: somos partícipes de este trasvase de confidencias extremas, o testigos quizá de un extraño juego erótico privado. Sea lo que sea, asistir a esa escena resulta extrañamente perturbador, a la vez que... excitante. (Es curioso: cuando se habla de cine de vanguardia, nadie reconoce que la falta de prejuicios de éste, el desenfado con que aborda cuestiones escabrosas, su impudor característico, pueden actuar como estímulos eróticos; pero eso sería como reconocer, en fin, que el espectador de este clase de cine está hecho de la misma pasta que el aficionado a las películas de, pongo por caso, Tinto Brass.)

Menos me interesó, en fin, el largo y archicitado travelling con el que Godard recorre el atasco de tráfico en el que esa misma pareja se ve envuelta en su salida dominical. Algunos de los desesperados automovilistas, aburridos de la espera, se distraen haciendo cosas absurdas, (hasta tal punto, en fin, que M.A., ya a punto de dormirse, me dice: "¿Quién se cree que es? ¿Fellini?"). Sólo al final el plano adquiere, por contraste, una cierta relevancia: la causa del atasco es, como podía esperarse, un sangriento accidente; y esta constatación arroja una luz perturbadora sobre la indiferencia, la frivolidad y la inconsecuencia de las actitudes de quienes esperan tranquilamente que la carretera se despeje.

A partir de aquí, la película toma un sesgo macabro y casi gore: matanzas, canibalismo, violaciones. Se puede pensar que estamos ante una broma... de pésimo gusto. Pero ya las explicaciones sobran: la película se ha despeluchado definitivamente, las escenas no tienen ilación, los tópicos afloran. ¿Una metáfora de la sociedad de consumo? Bueno, por decir algo. Pero ya casi envidio a M.A., que duerme plácidamente a mi lado, ajena a este desagradable galimatías, tan transparente por otra parte.

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