viernes, diciembre 22, 2006

ÉLITROS

La sarna, amigo Sjoman, no es un mal final para una historia de amor: es de las pocas cosas que dos amantes pueden estar del todo seguros de compartir en absoluta igualdad de condiciones, y la única que pone en su justo lugar a posibles terceros.

***

Nadie la había invitado a esa fiesta. Brindábamos felices, pedíamos comida y bebida. Y optamos por callar cuando vimos sus élitros lustrosos avanzando sobre el mostrador y acusamos en los músculos del vientre el temblorcillo rápido de sus patas. Cómplices de ella en ese sigilo consciente, en esa forzosa discreción, a beneficio de la felicidad de todos.

***

No hay peor malestar que el retrospectivo.