jueves, diciembre 21, 2006

NUESTRA VENGANZA

Definitivamente, esta enfermera está enamorada del dentista. Sólo que él no le corresponde. En este mínimo universo edípico, regido por un padre omnipotente, desearía uno robarle a éste la devoción de la única hembra disponible. Es nuestra venganza. Pero qué mal papel hacemos ante ella, babeando y escupiendo, mientras su amo y señor nos tortura a su antojo.

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Para colmo, es ella la que luego nos pasa la minuta.

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Y es que aquí, como en las danzas de la muerte medievales, todos somos iguales: el ejecutivo bien vestido y la mujer gorda de modales groseros, la jovencita mundana y el anciano temeroso y humilde. Un último prurito de la vanidad humillada te lleva a desear, ridículamente, hacer constar tus credenciales, tus elevados menesteres, tus títulos. Pero aquí nada de eso vale. La sangre debe de saber igual en todas las bocas. Y ella -esta enfermera en la que, después de todo, he puesto mis esperanzas- lo sabe.

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