viernes, enero 26, 2007

BELIZA

Un funcionario del Registro Civil de Majadahonda, leemos, impide a unos padres colombianos inscribir a su hija de ocho meses con el nombre de Beliza, por ser éste, según dicho funcionario, un nombre inexistente y que no corresponde a ningún sexo. El hecho ha producido indignación en Colombia, donde ha sido ampliamente comentado en la prensa, que ha aducido poderosos argumentos a favor del deseo de los padres: primero, que el nombre sí existe, puesto que es el de la abuela de la niña; segundo, que cuenta con los más ilustres precedentes literarios en lengua española, desde Lope de Vega, que lo utilizó en sus comedias Los melindres de Belisa y Las bizarrías de Belisa, hasta Federico García Lorca, que lo sacó a relucir en su Amor de don Perlimpín con Belisa en su jardín; y, tercero, que si el inconveniente se reduce a que el nombre no se escribe con Z, igual de caprichosa es la grafía del nombre de Doña Letizia Ortiz, la mujer del Príncipe… De todo eso ha hablado la prensa colombiana, haciendo gala de una cultura y un conocimiento de la realidad española de los que, al parecer, carecen los funcionarios del Registro Civil antes mencionado.

Pero quizá lo más curioso del asunto es, seguramente, que en ese mismo Registro, como en todos los de España, se habrán inscrito niños con los nombres más extraños que pueda concebirse. No hace mucho, recuerdo, saltó a la prensa la noticia de que la policía había detenido en el País Vasco a un alborotador llamado Revolución (o al menos, ésa era la traducción castellana de su nombre eusquera). Naturalmente, era hijo de un abertzale furibundo. Y es que el mayor inconveniente de esos nombres coyunturales, más allá de lo que signifiquen, es que delatan la cultura, mentalidad y gustos de los progenitores de quienes los ostentan. Y así, si las sufridas Vanessas de los años ochenta ya casi pasan desapercibidas, gracias al elevado número de chicas que así se llaman, más duro parece, por ejemplo, el destino de las Demelzas, atadas para siempre al recuerdo del serial televisivo al que deben su nombre. Qué decir de las Jennifer y las Jessicas, condenadas para siempre a la duda ortográfica y fonética; o de todos esos Isaac, Moisés, Israel, etc., que han conseguido que, al oír esos venerables nombres bíblicos, no pensemos en un patriarca barbado, sino en un chico de cabeza rapada y pendientes en la nariz.


En este contexto, que una pareja colombiana elija un nombre cargado de sugerencias literarias no deja de ser una agradable excepción. Vengan más Belisas, Elisas y Felisas, Dulcineas y Melibeas, Calixtos y Alonsos (o Alonzos, como leemos en alguna novela inglesa de ambiente español). Con ellos, el mero acto de pasar lista en la escuela será una magnífica lección de Literatura, y no un descorazonador repaso a la prensa rosa o a las listas de cantantes de moda de hace tres lustros. Por lo menos.


Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Espléndido artículo.

Anónimo dijo...

De varones, los 'hit' del ranking siguen siendo los consabidos Antonios, Pepes, Pacos y Manolos.

http://www.ine.es/daco/daco42/nombyapel/nombres_mas_frecuentes.xls