lunes, enero 22, 2007

EL SABOR DE LA MANZANA

La desnudez. Bañarse desnudo, tomar el sol desnudo, pasear desnudo por la playa... Actos sencillos, que no cuestan dinero y tienen algo de derroche libérrimo. Por eso son tan placenteros, y por eso se han impuesto a los prejuicios generales y han venido a ganarse un espacio y un derecho a existir, a la vez que una indiscutible pretensión de naturalidad, ante uno mismo y ante el prójimo.

Pero no hay que confundir esa naturalidad con la inconsciencia o la indiferencia, como hacen tantos "naturistas" desde una hipocresía que, en el fondo, me parece muy puritana. Pretender que quienes van desnudos no se miran, no se atraen, no gozan con la contemplación de la desnudez ajena y con la exhibición de la propia me parece bastante ingenuo. Más bien es todo lo contrario: se acepta la convención civilizada de que cada uno se guarda para sí esas emociones, a cambio de la ganancia cierta de mantener un derecho adquirido y libremente ejercido, que trae aparejados esos gozos y esas compensaciones. Con ese orgullo, con esas renuncias, con esa modestia y esas certezas pasea uno por la orilla de esa playa ideal. Como si regresáramos al Edén, pero con el regusto de la manzana prohibida en los labios.

Si es que esta clase de desnudez, en fin, no es sino un último refinamiento del arte de vestirse para gustarse a uno mismo y gustar a los demás, y exige reciprocidad, como cuando vamos a una fiesta y exigimos que todos los asistentes guarden la misma etiqueta que hemos aceptado respetar.

(Sobre esto escribí un poema que, casualmente, puede leerse aquí
)

8 comentarios:

ramirez dijo...

Es interesante esto de pasear desnudos sin pudor, como rebelión en contra de los designios divinos, degustando la manzana con una buena renta vitalicia y una buena epidural.

JLP dijo...

No nos pondremos de acuerdo, José Manuel. Creo que no coges la filosofía del desnudismo (al que, por cierto, no tengo el menor deseo de defender ni me va ninguna causa en ello). Precisamente todo lo que dices es lo contrario de esa filosofía. Tú hablas de desnudismo en los mismos términos del "vestidismo" (palabro recién inventado), creyendo que el mismo juego de deseos, morbo, curiosidad, etc. de un mundo vale para el otro. Pero la regla de oro del desnudismo es la naturalidad. Y fíjate que hablamos de una naturalidad que ni siquiera existe en el "vestidismo" porque es cierto que uno mira a la gente en los bares y cómo va vestida, etc. y quizá con fantasías, deseos ocultos, etc. Pero el desnudismo es justamente la abolición de esos códigos por la vía más directa: el despojamiento. Y no es que sea un mundo sin deseo. Es que rigen otras normas para el deseo. O, más que normas, que suena a reglamento, otros resortes. La misma persona que si la ves desnuda en tu habitación o la ves vestida y sexy en un bar te llama la atención y la miras con deseo, en el desnudismo no ocurre así. Y no se trata de un nuevo puritanismo sino de una nueva manera de mirar. La mirada siempre existe y siempre es importante, pero aquí está despojada de lo accesorio, de las interferencias de nuestra fantasía, nuestras frustraciones y nuestros deseos inconfensables. Aquí es una mirada confesable, directa. ¿Sabes que, contra el tópico desinformado, no te echan de ninguna playa nudista por empalmarte? Pero es curioso: no suele ocurrir. ¿Por qué?
En una playa, o similar, nudista hay mucha gente diferente y cada uno tiene su actitud. Unos saben de qué va la cosa y otros no y éstos últimos actúan con todo lo contrario a lo que debería ser: con embarazo y lo peor de todo, falsa naturalidad. Pero quien sabe de qué va la cosa no se plantea nada de lo que tú dices en el poema, no porque no les de la cabeza para analizar las complejidades de una situación dada sino porque esas reflexiones, precisamente esas, las del poema, no han lugar. Se nota que escribes desde fuera, no desde la comprensión y la auténtica vivencia. Es el poema de un inglés que llega a Andalucía y escribe que todos los andaluces visten de toreros y dicen olé a cada rato.
Otro contexto tiene lo de la concejala de Lepe, seguramente. Y lo dejo para otro día que ya me he puesto de un pesadito imperdonable.
Saludos.

conde-duque dijo...

Jlp, pero entonces el nudismo es el puritanismo más peligroso. Si le quitas toda la emoción y te quedas con esa "naturalidad", esa inocencia, esa pureza, esa mirada "pura"..., es como lanzarse a la nada. Qué coñazo. Es mucho más emocionante pecar, creo yo.
Por cierto, sr. Benítez Ariza, si tiene tiempo, me gustaría mucho que comentase algo en el post sobre A.T. de mi blog (creo que usted tb es buen lector suyo). Gracias.

JLP dijo...

Conde-duque, no. No se trata de quitarle emoción al desnudo sino hacer un contexto para el desnudo distinto al del deseo. Insisto (lo dije en mi comentario) en que el deseo no esta proscrito en el nudismo, pero no es habitual, por lo menos algunas de las formas convencionales del deseo (veo una tía buena y me pongo burro), porque el desnudo del nudismo no es el mismo que el del sexo, el erotismo, la seducción, etc. Es un desnudo esencial, no sólo físico, que se refiere a otras formas de relacionarse. Los nudistas, por experiencia, son personas activas sexualmente, muy sabias en fantasías y deseos, pero no por el nudismo. Es nudismo es más bien una consecuencia, el resultado de una manera esencial y limpia de ver la vida. Y cuando ves limpia la vida ves limpio el sexo, en todas sus formas, sin cortapisas.
Naturalmente que pecar es un placer. Pero si el único placer que uno encuentra en el sexo es ese, el pecar, la transgresión, entonces es que en realidad no te gusta el sexo; lo que te gusta es llevar la contraria, dígase a una cierta moral tradicional o a lo que tus padres te inculcaron como sacrosanto. El sexo es bueno no porque sea pecado sino porque es bueno, cojonudo. Y el desnudo también es algo más que provocación y deseo. Es: verdad.
Y no me quiero poner místico, coño, que no se trata de eso. Se trata de dejar de pensar según los cánones judeo-cristinos y empezar a follar porque es un gusto, no porque sea transgresor o pecado o morboso, aunque eso sean especias con que se pueda alegrar el guiso si se quiere. Y el desnudo no sólo es la antesala del sexo ni un motivo de erotismo, que también. Es además una forma de comunicación, una declaración de amor a la vida y un regalo de la naturaleza.
Joder, qué hippy me ha salido. Paz, paz, hermanos. Je je je...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad es que no veo contradicción entre lo que dice JLP (en el fondo, todos somos unos hippies sentimentales) y lo que decía mi entrada. Quizá yo prefiero acentuar la vertiente "pactista" que tiene el nudismo, lo que, en determinados lugares donde la cosa tiene cierta tradición y funciona bien, le confiere un carácter hipercivilizado que a mí me gusta mucho. Y que incluye, como no puede ser menos en toda forma de civilización que se precie, un juego de ocultación de determinadas bazas y de postergación de los deseos. Lo que no es incompatible, ni mucho menos, con determinadas filosofías "naturistas" de la vida, siempre que uno sepa aplicarles, como a toda doctrina, un punto de relativismo e ironía.

JLP dijo...

De acuerdo esta vez (nunca se está tan lejos que no se coincida en algo). Pero, para no excedernos en los acuerdos, como en los desacuerdos, déjame añadir que el nudismo no es una doctrina, aunque tenga sus códigos y hasta sus reglas, normalmente tácitas. ¿Es la poesía una doctrina? ¿La comunidad de vecinos es una doctrina? ¿Salir de camping es una doctrina? ¿El montañismo es una doctrina? Si la respuesta es afirmativa en todos los casos, po fale, aceptamos pulpo.
Y sí, toda forma de civilización es pactista e incluye claves adecuadas para vivir en ella, renuncias y códigos particulares, nunca del todo ajenos a los de otras formas de civilización. Pero fíjate lo lejos que está todo esto de lo que tú decías en el poema, que parece referirse a una situación particular pero que en él se "vende" como referido a una situación general.
Generalizaciones sí (ya que hablas de ellas en la nueva entrada), pero no abusivas.
Y la ironía, que no nos falte, of course.
Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ya veo que no te gusta el dichoso poema. Bueno, alguna vez tenía que pasar. Pero, independientemente de que esté mejor o peor, no es más que el relato (con alguna ironía, que no falte) de un día en la playa de El Palmar, en Conil. Que no es una playa nudista, exactamente, sino una playa donde nudistas y "textiles" (así se les llama) conviven en armonía, sin que se dé esa desagradable sensación de ghetto que se desprende de ciertas playas nudistas. Y te aseguro que todas las escenas a las que aludo son reales, vividas. Y que el resultado, la sensación general, es placentero y relajado.

Cuánto ha dado de sí el desnudo de tu concejala.

Saludos.

JLP dijo...

Ja ja ja! Es cierto, cuánto ha dado de sí. Pero aclaro que no es mi concejala. Y esto lo digo literalmente, porque yo voto en Lepe.
Y otra vez es verdad: que algún poema tuyo tenía que no gustarme, después de tantos (en realidad todo el resto) con los que me descubro.
Saludos.