miércoles, enero 31, 2007

MISERIA

Después de ver tantos viejos en pijama en los últimos días, la imagen de Castro en chándal me resulta extrañamente familiar. Como todos los viejos en su circunstancia, Castro parece vestido por una de esas hijas abnegadas y sufridas que hacen de la higiene del padre una cuestión de honor, y se arreglan para tenerlos peinados y presentables para las visitas. Chávez es la visita: parece el yerno animoso que, sabiéndose incluido en el testamento, ni siquiera tiene demasiada prisa por recibir la herencia. Tal vez porque sospecha que la finca está más que hipotecada, y que los únicos que van a cobrar son los acreedores.

***

Lo primero que se aprende en ciertos ambientes es la ley del silencio. Ante una sospechosa concentración expectante de jóvenes a la puerta de un instituto, algunos adultos preguntamos qué pasa. Nadie contesta, o lo hacen con evasivas. Por fin, a la vista de que los adultos no se van, la concentración se disuelve. Nadie se ha ido de la lengua. El chico o chica al que esperaban se ha librado, de momento. Pero la constatación de que nadie se ha atrevido a denunciar el incidente sin duda servirá de estímulo para que haya otras tentativas. Los concentrados puede que no hayan aprendido nada ese día en las aulas. Pero la lección que acaban de recibir en la calle es de las que no se olvidan.

***

Una de las definiciones de miseria podría ser: aquella situación en la que se pasa más frío dentro de los edificios que en plena intemperie. Aplíquese a algunos centros oficiales (por ejemplo, a muchas escuelas andaluzas) y se tendrá una idea clara de a qué se reduce el cacareado esfuerzo de nuestros políticos por atender dignamente a los ciudadanos.

No hay comentarios: