domingo, enero 28, 2007

URGENCIAS

En el hospital. Previsible aparte sobre el sex-appeal de las enfermeras. Esa especie de pijama que visten, esa estremecedora familiaridad con los pormenores de la fisiología, esa servicialidad entreverada de autoridad... Y, sobre todo, su oportuna presencia en un lugar donde las urgencias de la vida han sido postergadas a mejor ocasión, y son por tanto añoradas con imprevista intensidad.

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No han sido puntuales a la cita, pero, como todos los años, se las han arreglado para llegar a la vez. Y ahí están, mirándose de reojo, como dos mujeres que han ido al mismo modista y llevan un traje idéntico. La nieve y los almendros en flor. (Y C., que no había visto nunca la primera ni reparado en los segundos, y anda como embriagada ante esta imprevista eclosión de lo blanco.)

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Una repugnante, pero certera, descripción de algunos de los síntomas de la resaca, en palabras de Kingsley Amis: era como si un bichejo hubiese usado su boca como retrete y luego como mausoleo.

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