miércoles, febrero 28, 2007

EL LABERINTO DEL FAUNO

En el arte hay pocos productos maduros, definitivos, que no hayan venido precedidos de numerosas probaturas, casi siempre fallidas o intrascendentes. Antes de La diligencia hubo infinidad de westerns del montón, en los que fueron madurando los arquetipos del género hasta quedar en condiciones de ser utilizados por un creador de genio. Antes de Bécquer, toda una constelación de poetas menores jugó a cruzar el romanticismo sentimental de Heine con el patetismo de la copla andaluza, abriendo camino a los logros del poeta sevillano…

Pienso en estas cosas después de ver El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. Para que exista una película como ésta, que parecía de niños pero no lo es, y que introduce estremecedores elementos de la fantasía infantil en un drama adulto, hacía falta que el género de maquis-contra-guardias-civiles, que ha contado con tantas coartadas favorecedoras en el cine español, quedara definitivamente agotado y casi liquidado; y que el género “de fantasía”, en la estela de El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia, diera muestras de repetición y anquilosamiento antes incluso de lograr ninguna obra maestra.

No me gusta emitir juicios prematuros; por eso no sirvo para crítico: el verdadero valor de esta película no lo sabré, no lo sabremos, hasta que no la hayamos olvidado y recuperado, y comprobemos que el segundo, el tercer visionado de la misma no sólo no nos cansa, sino que añade matices a los ya descubiertos y apreciados la primera vez que la vimos. Pero me arriesgaría a decir que la película de Guillermo del Toro constituye uno de esos saltos cualitativos por los que uno o varios géneros populares, más o menos previsibles o trillados, quedan definitivamente revitalizados e incorporan sus recursos con toda legitimidad al repertorio del arte adulto y exigente.

Si alguien me hubiese dicho que una historia de maquis y esbirros franquistas me iba a conmover, después de los muchos bodrios que he visto en este género, me hubiese reído abiertamente de él. Y si alguien hubiese predicho que, en las condiciones actuales de mercado, un director imaginativo sería capaz de sacar algún partido a los métodos y propuestas de un C. S. Lewis, por ejemplo, lo hubiese tildado de insensato. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que ha ocurrido. Haber salido de la película con el corazón en un puño es lo de menos: uno se sabe vulnerable; y, por tanto, es capaz de confesar que puede sucumbir a las trampas sentimentales de un director habilidoso. Pero no es sólo eso: desde las primeras escenas de la película he tenido la impresión de estar adentrándome en un terreno conocido, pero que creía inabordable por parte del relato cinematográfico para adultos; con la sospecha, finalmente confirmada, de que el director y guionista de esta película ha sabido reconocer que todos esos mundos de fantasía con los que tan frívolamente ha jugado el cine y la literatura popular en los últimos años sólo tienen un referente posible: el Más Allá de nuestras mitologías; es decir, la muerte.

Sólo un mejicano ha sido capaz de entenderlo y aplicarlo. Y el resultado es una de las películas más sorprendentes y emocionantes de los últimos años, y la promesa de una nueva clase de cine imaginativo para adultos. Venimos necesitándolo.

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Fiado en tu palabra, ahora mismo (o casi) voy a verla.

El capador de Turleque dijo...

En mi opinion, demasiado entusiasmo por una pelicula sin actores. Tampoco creo que sea exactamente para adultos y si creo que el genero tiene ya numerosas obras maestras, no como el western, pero las tiene y practicamente desde su nacimiento. A no ser que te refieras a un subgenero de monigotes feos+niña/o bonita/o, que personalmente aborrezco. Por último creo que vales perfectamente para critico, creo que los criticos oficiales son los que no sirven para criticos.