sábado, febrero 10, 2007

EN VENTA


¿Quién no ha vendido su alma alguna vez? Todos somos aprendices de Fausto, y por cosas que el propio Fausto despreciaría. Porque el precio no siempre es la sabiduría, o el amor. Hay quien vende su alma por un ascenso, o por dinero, o por un lance amoroso con alguien a quien al día siguiente no querrá ni ver. Hay quien la vende por ser más alto o más delgado. Pocos, sospecho, lo hacen por ser más inteligentes; porque casi nadie cree que la inteligencia facilite la vida o procure algunos de esos bienes que antes señalábamos. Por lo dicho, no me ha extrañado demasiado una noticia que leí el otro día, y que me llevó a visitar una extraña página web en la que un tal Gerald Fraller, estadounidense de veintiocho años, pone en venta su alma. O, mejor dicho, la sortea. Y como ni Fraller ni nadie sabe en qué consiste esa inasible víscera, cuya existencia algunos incluso niegan, ha ideado un detallado contrato en el que se especifican qué derechos y prerrogativas adquiriría el ganador de la misma. Es decir, lo que Fraller ofrece no es el alma en sí, que ni el propio Descartes consiguió ubicar con exactitud en nuestra anatomía, sino algunos de sus atributos, tales como la capacidad de decisión sobre los asuntos propios, o determinados derechos sobre la propiedad intelectual del vendedor.

Vistas así las cosas, hay que decir que lo que éste pone en venta no es gran cosa. Fraller ofrece al adjudicatario de su alma el derecho a decidir el nombre de sus hijos (los de Fraller), o a fijar la fecha de su boda… Cosas que el común de los mortales, como sabemos, suele encomendar a sus padres o a su suegra, o decide en función de la disponibilidad de la iglesia de moda, o del concejal más mediático, o del juzgado. En cuanto a lo otro, los beneficios que genere la propiedad intelectual del propietario del alma en venta, cualquier pintor, escritor, músico, etc. sabe que eso es justo lo que hace cada vez que vende un cuadro o una partitura o firma un contrato con una editorial: venderse al mejor postor, a cambio del dudoso privilegio de ver su obra expuesta al público.

Porque lo verdaderamente interesante de la ocurrencia de Fraller, en fin, no es lo que vende, sino a quién lo vende. Fausto endosó su alma al diablo. Y lo que este joven norteamericano ha descubierto es que el diablo, hoy día, no es otra cosa que la multitud. A ella vendemos el alma, por tal de sentirnos parte suya, o por no desentonar, o por compartir sus gustos y privilegios. Ella impone las modas y elige a nuestros gobernantes. Ella decide el triunfo de tales o cuales artistas y el anonimato de los demás. Ella entroniza y derriba sus propios ídolos. Y ella dará debida cuenta de este pobre chico que le ha ofrecido su alma por unos dólares, y no, como Fausto, a cambio de besar los labios de Helena de Troya, cuyo rostro, según el poeta Marlowe, “puso en la mar mil naves”…


Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz.

6 comentarios:

Gualterio dijo...

Lo del joven americano es una simple broma, claro, porque con el alma no se puede comerciar.

Más interesante es su apunte de que muchos venden su alma por un ascenso. Yo he presenciado como se pierden las formas, la dignidad, la decencia y las amistades, por unos pocos duros al mes.

¡Válgame San Cleto
lo que es la miseria!

conde-duque dijo...

Si no me equivoco Descartes localizó el alma en la glándula pineal.
Sí, el diablo al que vendemos el alma hoy en día se llama multitud, que todo lo ocupa pero no se sabe excactamente dónde está...
Le animo a que siga añadiendo fotods y dibujos al blog. Le da un toque más internáutico.
Un saludo.

Anónimo dijo...

muchas felicidades por tu cumple...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias.
Creo que voy a quitar mi año de nacimiento del perfil adjunto, para que nadie haga cálculos.

Anónimo dijo...

No es que haya hecho cálculos, es que los cumplo un día después.
Saludos de una antigua amiga.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No lo decía por el día (que no está en la nota), sino por la cuantía, que ya es larga y onerosa.

Una antigua amiga... ¿Muy antigua?

Saludos.