miércoles, febrero 14, 2007

ESCUCHARSE

Uno de los aspectos más llamativos de Gaya es lo poco que explota su perfil de exiliado. Es más: leyendo lo que dice de su exilio, casi se diría que lo asume como un conjunto de circunstancias favorables a la creación. En algún momento lo explicita: cuantas más dificultades encuentre un creador, dice, más depurada será la obra que surja de sus manos. Esas obras nacerán de la pura necesidad de crear, y no de la mera obligación que el profesional tiene de cumplir encargos y satisfacer expectativas. Por lo mismo, cuando esos encargos, esas rutinas del trabajo artístico, recaen sobre un verdadero creador, de ningún modo puede decirse que sean el motor de su obra: son meros pretextos. Así, Velázquez no pinta Las Meninas porque haya recibido el encargo de ejecutar un retrato de la familia real, sino que aprovecha esa circunstancia para llevar a cabo lo que en ese momento le dictaba su sensibilidad, su percepción del misterio de la realidad...

Gaya lo explica mejor que yo, claro. Pero son muchas las lecciones que pueden extraerse de sus palabras. Por ejemplo, que en el arte no son buenas las prisas. Que la novelería y el afán de reconocimiento pueden torcer vocaciones artísticas muy prometedoras. Quer hay que saber escucharse. Y que se trata de una aventura solitaria, que los aplausos y las recompensas pueden torcer o perturbar fatalmente.

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