lunes, febrero 19, 2007

JEAN ARTHUR


Ésta es Jean Arthur en El amor llamó dos veces (The More the Merrier, 1943) de George Stevens. Está tomando el sol en la azotea de su bloque de apartamentos, en Washington, en lo que seguramente es una de las primeras escenas de sabor neorrealista del cine estadounidense; y, también, el reverso cotidiano y costumbrista de la comprometida Caballero sin espada (Mr Smith Goes to Washington, 1939) de Frank Capra: si en ésta última, la actriz interpreta el papel de una especie de secretaria o jefa de gabinete que le saca las castañas del fuego a un político inexperto recién llegado a Washington, en la otra la vemos desenvolverse en un enredo doméstico derivado de la escasez de alojamiento en la capital federal durante la guerra. Forman ambas películas , rodadas con una diferencia de pocos pero decisivos años, uno de esos inexplicables dípticos que aciertan a retratar a un mismo personaje en dos coyunturas próximas, pero radicalmente distintas. Posiblemente, tanto los guionistas como los directores eran ajenos a esa continuidad esencial, sustentada principalmente en el hecho de que una misma actriz interpretara ambos papeles protagonistas. Es lo que hubiera pasado si El tercer hombre lo hubiese interpretado Humphrey Bogart: todo el mundo hubiese dado por sentado que el cínico Harry Lime es la continuación natural del todavía idealista Rick Blaine; que las dos películas son sólo dos capítulos de la misma historia.

Pero, volviendo a Jean Arthur: en las dos películas que hemos mencionado está, literalmente, adorable en su papel de chica desenvuelta y eficiente, que arrastra su irónica melancolía, fruto de la lucidez y la inteligencia, por un mundo de hombres mediocres en el que, ocasionalmente, acierta a distinguir a alguno que merece el don inestimable de su ayuda y afecto. Viéndola ayer mismo, en el punto de cambiar su papel desairado de empleada eficiente y desencantada (y, eventualmente, amante del cínico periodista interpretado por Thomas Mitchel) por el de abnegada protectora de un político imberbe, entendí su soledad en la película rodada tan sólo tres o cuatro años más tarde: lo del político quedó en nada, y el periodista voló...

Y se me ocurre que el feminismo de hoy, tan inculto y tan abonado a la corrección política imperante, sabe poco de estos espléndidos personajes femeninos del cine americano de preguerra y de los primeros años de contienda, y todavía sabe menos de la incontrovertible verdad de que estas mujeres siguen existiendo hoy y se enfrentan a idénticos problemas, en un mundo en el que otras mujeres han usurpado el papel de ventajistas que entonces era patrimonio exclusivo de los hombres... Viendo la película de Capra, me pareció que estaba filmada ayer mismo. Si es que películas así, tan valientes y lúcidas, pueden filmarse en estos tiempos.

5 comentarios:

mariana dijo...

¡Maravillosa Jean Arthur! También estaba estupenda en "Vive como quieras" y en "Berlín Occidente".

RM dijo...

Y en Sólo los ángeles tienen alas.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y, no olvidadlo, en "Raíces profundas "("Shane"), donde hace de la esposa del granjero, enamorada castamente del pistolero que les saca las castañas del fuego.

RM dijo...

Lástima que en "Raíces profundas" tuviera aquel niño tan repipi... :)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, cosas de la interpretación infantil de la época y de las bandas sonoras y doblajes envejecidos. Pero la fascinación que el niño siente hacia el pistolero no es más que el trasunto de la que siente la madre. En ese sentido, el título español es involuntariamente malicioso: esas "Raíces profundas" son los subterfugios a los que ésta se aferra para no obedecer la voz del instinto.