lunes, febrero 05, 2007

MIGAS

No hay mal que por bien no venga. Al hecho de que el vecino de arriba coma bocadillos en la ventana o sacuda en ella su mantel debo el que todas las tardes, a esta hora, me visite un gorrión y se pase un buen rato al otro lado del cristal, moviéndose de un lado a otro casi al mismo ritmo con el que yo tecleo estas líneas. Escribir es cosa de solitarios, sí, pero no tanto que no tolere esta mínima compañía, que aporta ese punto de divertida incogruencia que vienen a traer los animales a la seriedad impostada de los humanos.

Claro que podría poner yo mismo las migas. Pero eso equivaldría a alterar la lógica de los acontecimientos. Como llamar por teléfono a alguien que, sin nuestro cortejo, nunca se acordaría de nosotros.

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Ese barrendero sí que realiza una "recogida selectiva de basuras": barre un papel aquí, una hoja allá... Más que limpiar, da las últimas pinceladas a un cuadro que representa... una calle sucia. Mejor dicho, una calle que, para conservar su carácter, debe seguir estándolo, en la medida justa.

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Revisar un texto ya escrito, a veces, es hacer lo que ese barrendero.

2 comentarios:

visitante gorrión dijo...

Y ese blog al que asoman visitantes que picotean sus exquisitas migas literarias.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por el piropo. Aunque yo, ya le digo, me veo más en el papel de barrendero. Las migas las trae el viento.