domingo, febrero 25, 2007

MUNDOS VIRTUALES

El peligro de dar demasiadas pistas. Los Diarios de Cheever, por ejemplo: ofrecen suficientes datos para interpretar sus mejores cuentos como meras fantasías vengativas; lo que en ellos pudiera haber de sátira inteligente se vuelve, después de la lectura de los Diarios, mera malediciencia contra parientes y personas próximas. No anduvieron muy finos los herederos y editores del autor al publicarlos. Lo mejor en estos casos: quemarlo todo, y no fiarse demasiado del juicio de la posteridad.

***

Algún día, el que pagó, pongamos, veinte millones (de dólares, de euros, de libras, de lo que sea) por un cuadro de, digamos, Joan Miró, se encontrará con que, a la hora de venderlo, no le dan veinticinco, ni treinta, ni siquiera los veinte que le costó. Se resignará a asumir algunas pérdidas, y lo ofrecerá por dieciocho, quince, diez millones; y tampoco habrá quien los dé. El mundo del arte empezará a tambalearse. Los propietarios de ese tipo de obras las pondrán de inmediato en el mercado, en la esperanza de poder recuperar algo de lo que invirtieron en ellas. Y el resultado será que su valor caerá todavía más. Y así, de pronto, en medio de uno un pánico financiero, quedará liquidado un espejismo.

***

De elegir llevar una vida virtual (como las que ofrece Second Life, por ejemplo), optaría por un avatar parecido a mí mismo: bajito, con gafas, con las mismas aficiones, con las mismas limitaciones. Si acaso, con una ejecutoria menos dispersa. Y, sí, no me importaría que esa existencia virtual fuera también, por qué no, virtuosa.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Presume usted de ser virtuoso? ¿En qué consiste?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Depende de lo que usted considere virtud. Pero no olvide que hablo de mundos virtuales. En mi apunte me refería, de todos modos, a ese deseo de "una ejecutoria menos dispersa". En todos los sentidos.

GORFO dijo...

Dado un avatar, y ahora estoy pensando en Gautier, ¿por qué conformarse? ¿Por qué asumir la realidad ñoña que ya tenemos? Señor Benítez Ariza, un poco de imaginación, un poco de atrevimiento, un poco de imposible, amigo! Tengo que decir que le leo habitualmente y veo a una persona que ha renunciado. ¿Renunciado a qué? A todo lo que no sea seguridad, tranquilidad, sosiego... Uno se siente solidario cuando lee cómo le acosan las hordas de borrachos escandalosos. Uno se siente solidario cuando lee cómo llega a la playa y se la encuentra llena de gentes desnudas y borrachas y felices y escandalosas y usted llega con su mujer y su niño y su tortilla de patatas y odia a esos seres borrachos e inconscientes y piensa: ¿quién nos protege a nosotros, los ciudadanos? Yo me siento solidario hasta el momento en que digo: ¿Eh, qué, cómo? Este tío es mi abuelo... Resulta que yo soy uno de esos desnudos y borrachos. Y resulta que no soy uno de los que dejan la calle hecha un asco y gritan hasta la madrugada. Soy otra subcategoría que usted no ha contemplado: la de los disfrutones respetuosos, la raza de los que apuramos la madrugada y amanecemos de doblete y no nos levantamos a las 9 a comprar el pan. Claro que para usted somos todos lo mismo. Juerguista: gritón, gente que mancha, incordio para los que madrugan, lobos que miramos con ojos enrojecidos al que va a su puesto de trabajo... Señor Benítez: la vida va más allá del matrimonio y la patenidad y la hipoteca y el niño. Y más allá hay monstruos, es cierto: las hordas de adolescentes que aún no han aprendido a divertirse sin molestar al resto de la humanidad. Pero el mundo también es más amplio y va más allá de esas hordas. A usted le jode el placer. Sí, no quito una letra. Se ha adocenado usted, señor Benítez. Y su poesía ¿no se habrá adocenado también, de paso? Eso es algo que contemplo con preocupación.
Es posible que yo esté equivocado en todo esto. Pero usted, ¿en qué estará equivocado? En su última entrada habla de la virtud. ¿Sabe lo que decía Benavente (ese gran golfo, ese disfrutón) de la virtud? Que es sólo el conjunto de vicios que no tenemos. (Eso está en "La noche del sábado", gran obra).
Mis mejores saludos.

Paraflex dijo...

Con todo respeto y admiración pero de acuerdo con gorfo en todo escepto en lo de su poesia que me sigue pareciendo su "retrato de dorian gray inverso" Aunque en el fondo pienso que hay gato encerrado, algo no me cuadra...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Amigo Gorfo:
Tenemos más cosas en común de las que usted imagina. Sólo que yo utilizo una cierta melancolía irónica como tono básico para constatar lo que no me gusta o lo que quisiera cambiar. Básicamente, creo que la mayoría de mis lectores (los pocos que pueda tener, en fin) entienden y aceptan ese tono, y no me ven como a su abuelo. Por lo demás, no le hago ascos a la desnudez al sol, ni al disfrute de unas copas en buena compañía, ni a la idea de que no hay una distinción tajante entre los placeres intelectuales y los de otro tipo. Y me gusta descubrir esos momentos de lucidez que a veces tienen autores que se consideran poco vigentes u olvidados, como Benavente.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y amigo Paraflex:

Le agradezco que haga una salvedad para mi poesía. Que ésta tenga "gato encerrado" es, supongo, algo positivo. No se concibe literatura sin "gato encerrado", sea del signo que sea. En literatura, tan aburrido resulta un conservador recalcitrante como un rebelde declarado, si debajo del discurso de uno y otro no se aprecia una zona de ambigüedad, de misterio, de contradicción.

(Y lo que me extraña es que nadie haya dicho que lo verdaderamente deprimente, respecto a la posibilidad de tener un "avatar" virtual, no es mi "virtuosa" salida de tono, sino que tantas personas prefieran las emociones derivadas de estos juegos informáticos antes que las de la vida real.)