viernes, febrero 16, 2007

VINO


El exceso de virtud es siempre pecado, y de los graves. Lo mismo el exceso de hábitos saludables, o una absoluta carencia de eso que denominamos “vicios”. Bien está que cada vez se fume menos, y que haya vegetarianos y abstemios y quienes abominan de las grasas… Conoce uno las bien fundadas razones que les asisten, y comparte, con todos ellos, la aspiración a una vida larga y sana. Pero lo que no parece razonable es que se proscriban todas y cada una de estas expansiones, o que una misma persona se las niegue todas. Tanta virtud, sospecha uno, oculta algo. Sobre todo, cuando se hace proselitismo de la misma, y se pasa a considerar delincuentes o enfermos a quienes no la practican.

Es lo que parece haberse propuesto la ministra de sanidad. Como no soy fumador, no me parecieron mal sus medidas contra el tabaco; como no soy comedor compulsivo de hamburguesas, tampoco me rebelé contra su abusiva campaña contra ese placer de pobres. Pero pasa con esto lo que decía Bertold Brecht en su poema sobre la represión: “primero fueron contra los judíos, y no me rebelé, porque no soy judío; luego, contra los comunistas, y yo no protesté porque no lo soy; luego, contra los sindicalistas…”. Cuando el poder se ejerce con el claro designio de dirigir conciencias y ejercer un control absoluto sobre las acciones individuales, nunca tiene bastante. Así que ahora nos llega la hora a quienes consumimos vino y no supimos poner nuestras húmedas barbas a remojar mientras se las pelaban a fumadores y glotones. Primero, la ministra anunció que el vino “no le parece una bebida saludable”. Con igual falta de fundamento, lo calificó como “bebida alcohólica peligrosa”. Consecuentemente, su anteproyecto de ley para la prevención del alcoholismo juvenil considera el vino tan dañino como las bebidas de alta graduación, y prevé para el mismo idénticas restricciones publicitarias. Lo que demuestra que, más que basarse en estudios contrastados, lo que esta ministra hace es legislar según sus propios instintos. Que son, parece evidente, los de quien encoge la nariz con gesto de repugnancia ante las expansiones placenteras de los demás.

Porque lo que parece ignorar la ministra es que, si los jóvenes (no todos, supongo) pillan unas cogorzas monumentales los fines de semana, no es porque exista el vino, sino porque aún no saben saborear largamente una botella del mismo en buena compañía; o no tienen dónde; o no han educado aún lo suficiente el paladar, ni miden el tiempo como los adultos. Y la única manera de inculcarles la idea de que la juventud es una hoguera que no hay que consumir del todo, para que el remanente nos caliente el resto de nuestras vidas, es a través de la educación, y no mediante la negación sistemática del placer cultivado y maduro.

Y lo curioso es que la reivindicación del placer, dicen, fue alguna vez patrimonio de las izquierdas.


Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

No hay comentarios: