domingo, marzo 04, 2007

ECLIPSE

Entiendo que esta luna ensangrentada, que tan nerviosos pone a los perros y a las gallinas, fuese considerada por los antiguos un mal presagio. Hoy nuestro racionalismo y nuestros, llamémosles así, "conocimientos científicos" (que el común de los mortales maneja del mismo modo acrítico con que un antiguo consideraba las leyendas de santos) contrarrestan eficazmente esos temores. Y, sin embargo, quien haya tenido ocasión de contemplar el eclipse desde campo abierto, sin luces intrusas, y haya visto cómo la luna abandona durante algo más de una hora su aspecto de adorno plano (ese "abanico" de la poesía japonesa, del que se hace eco Antonio Machado en un conocido poemilla) para presentarse como una poderosa esfera de roca rojiza incongruentemente suspendida en el vacío; quien haya percibido el fenómeno en esos términos, tal vez haya experimentado el vértigo de saberse a bordo de otra pelota flotante, con el sol detrás proyectando la sombra de la misma (y qué mejor testimonio de nuestra posición en el cosmos que esa sombra) sobre el astro inmediato. Es decir, no es sólo la constatación empírica de que las esferas se mueven y se alinean caprichosamente, sino la turbadora sensación de saberse adherido precariamente a una de ellas, como uno de esos ácaros que viajan a bordo de una mota de polvo... Luego la luna recupera su color, su aspecto de camafeo prendido en una tela tensa, su insignificancia de objeto cotidiano. Pero los perros no dejan de aullar en toda la noche, y las gallinas andan desconcertadas.

3 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Yo no la vi desde el campo y me perdí, por lo que nos cuentas, bastante. Sin embargo, esa sensación de vértigo que describes con exactitud, la tuve. Gracias por recordarla tan bien.

El capador de Turleque dijo...

Imprescindible tomar conciencia de vez en cuando de nuestra condición de garrapata cósmica.
Precioso tu artículo. Pero eso de que te parezca buena "la cosa del fauno..."

Portorosa dijo...

Creo que una especie de superstición científica está completamente generalizada; y lo malo es que, como antes otros supersticiosos, no somos todo lo conscientes de ella que deberíamos.

En cuanto a la sensación que describes, yo la experimentaba de pequeño tumbado en el suelo en una noche estrellada. Si no había nada que se metiese en mi campo de visión, ni por el rabillo del ojo, y miraba fijamente al cielo, al cabo de un rato me daba perfecta cuenta de que estaba tumbado sobre la inmensa esfera que es la Tierra, y que, tocando mi pecho y m barriga, estaba... el Universo; y además me imaginaba no tumbado "sobre" la Tierra, sino en un lado, yo vertical y el planeta pegado a mi espalda, y delante todo eso. Era (con perdón) acojonante, me daba verdadero vértigo y no menos miedo.

Un saludo.