martes, marzo 20, 2007

GUSARAPOS

Reorganizar una biblioteca es, también, como remover piedras en los charcos de la orilla: de debajo de ellas surgen infinidad de gusarapos, de bichos impensables que corren a ocultarse en el barro, de criaturas que, de repente, parecen asombrarse de haber vuelto a la luz. Lo mejor es dejarlas correr, y esperar a que el agua se aclare, o a que lo hagan las ideas de uno. ¿Qué hacer, por ejemplo, con un anuario del periódico soviético Pravda de hace veinte años? ¿Qué esperar de una inquietante Enciclopedia de conflictos, una especie de caja de Pandora que parece ocultar en su seno todos los males? ¿Qué cara poner ante esos libritos de la Transición que prometían enseñarnos Qué es el fascismo, Qué son los sindicatos...? Algún iluso, con la mejor intención del mundo, dirá: guárdalos todos, déjalos donde estaban. Pero, precisamente, si he emprendido esta reorganización es, entre otras cosas, con el propósito de ganar espacio. Se ve uno en el triste papel del cura del Quijote mientras decidía qué libros del hidalgo habían de ir a la hoguera. Con los manuales escolares recientes no hay problema: todos, incluidos los editados ayer mismo, resultan coyunturales y caducos, y parecen tan faltos de jugo como un limón exprimido. Pero no puede decirse lo mismo de, pongo por caso, un viejo tratado de sexualidad de los años cincuenta: absolutamente inútil como fuente de información sobre la cuestión de la que trata, pero maravilloso como testimonio de una época; y aleccionador, en tanto su doctrina trasnochada no parece más cursi, en la seguridad pedante con que se enuncia, que ciertos latiguillos de moda que hoy parecen indiscutibles...

Libros. En el principio fue el caos, decía ayer. Pero hoy rectifico: moverse con soltura en ese caos sensual, entre bellezas de todas las edades, es lo más parecido a entregarse a una orgía.

3 comentarios:

conde-duque dijo...

Hace unos años sacaron en el Vips un montón de libros de saldo (a 100 o 200 pesetas). Me fijé detenidamente y eran todos de finales de los años setenta (1978, 79, 80...). Los títulos y las temáticas delataban el boom intelectual del momento: "Vida de Stalin", "El comunismo en Latinoamérica", "El libro rojo de Mao", "La felicidad de los soviets", "El manifiesto comunista para niños" (éstos me los he inventado, pero seguro que había alguno por el estilo), etc.
Tuve la sensación de estar presenciando lo mismo que en todas aquellas películas del Destape, de Alfredo Landa y compañía, cuando tantos españolitos iban desesperados al cine a ver un trozo de teta...
No voy a juzgar a otras generaciones (no sería justo), pero doy gracias a Dios por no haber vivido esa época (estaba muy ocupado intentando nacer). Pese a lo que pueda significar de logros de la libertad, para mí es en realidad una época cutrísima (no me refiero tanto a los asuntos políticos), pese a la glorificación constante que se hace de ella. Me da mucha tristeza, como cuando veíamos a los de Alemania Oriental saltando el muro con esas caras de alegría incontenible.
Se me ocurrió que se podría escribir un pequeño artículo titulado "LA FILOSOFÍA DEL DESTAPE" (si no una tesis doctoral). Sería interesante hacer un estudio detallado de las publicaciones de esa época (que, por otro lado, no debieron de vender tanto, cuando 20 años después se vendían a precio de saldo).

Mr Quaker dijo...

Es verdad que algo de razón tienes (me refiero al comentarista anterior), sobre todo cuando ligas destape sexual y destape político. Sin embargo, ésa era una época en que todo lo prohibido sabía nuevo y sabía fuerte: el sexo, la droga, la política. Treinta años después puede que se sepa más, pero también hay más cinismo, el grado de confusión es equivalente (abre el periódico), y me parece que se tiene menos ilusión. Algunos de esos libros que mencionas nos hicieron perder mucho el tiempo: Marta Hornecker, las comunas libertarias… pero también leímos a Freud, a Marx. Los Derrida de los últimos años, los Pío Moa de hoy ¿son mejores? También alguien se reirá de nosotros dentro de veinte años y de los libros que salden entonces en el Vips espacial. Por lo que respecta a la Gaya Ciencia, esos libros estaban bien diseñados y algún buen título tuvieron, por ejemplo, el de Benet sobre la Guerra Civil.

conde-duque dijo...

Ya sé que lo prohibido sabe mejor (por eso debían disfrutar más de los pecados antes), pero el Destape supone precisamente el cierre de ese momento.
Ahora puedo leer a cualquiera tanto a Marcuse como a Carl Schmitt, por ejemplo (aunque seguramente no los encontraré en la mesa de Novedades). Cierto que la calidad de lo que más se vende ahora es muy discutible, pero ese es otro asunto.