lunes, marzo 26, 2007

LA BODA DE CONNIE

Siempre que veo la famosa secuencia inicial de la primera parte de El padrino me asalta la misma duda: en caso de haber sido invitado a la boda de Connie (y ya se sabe que un siciliano no puede negarse a nada que le pidan en la boda de su hija), ¿qué le hubiese pedido yo a don Vito? Ahora que lo pienso, de todos los personajes que desfilan por su despacho, el único con el que tengo algo en común es el crooner Johnny Fontane. Pero, que yo sepa, ninguno de aquéllos en cuyas manos está mi carrera literaria posee un purasangre al que cortarle la cabeza.

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Para adornar la hora robada a la mañana por el cambio horario, amanece lluvioso. Como si las autoridades pretendieran advertirnos que, si quisieran, no sólo nos arrebatarían las primeras claridades del día, sino que, en caso de que protestásemos demasiado, nos devolverían sin contemplaciones a lo más riguroso del invierno.

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Teoría del bolo literario. Ningún fontanero haría tantos kilómetros ni comprometería tanto su dignidad por tan poco dinero. Sobre todo, cuando, a diferencia de lo que sucede con el fontanero, el dinero es lo que menos importa.

1 comentario:

conde-duque dijo...

Sí, pero a ningún fontanero le llegarán los fans a pedirle autógrafos...