jueves, marzo 29, 2007

LIBIDO

Itinerario de librerías. Los cantos de Ise, para M.A., en Manuel de Falla; El rapto de las sabinas, de García Pavón, para mí, en la de viejo de Raimundo. Sin embargo, como soy un lector disciplinado y con compromisos, son otras las lecturas que me reservo para las vacaciones. Melancolía de no poder abarcarlo todo, de no poder ser ese lector absolutamente despreocupado que quisiera ser; que, de hecho, soy, sólo que con una despreocupación muy trabajada, muy sometida a plazo y medida...

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Cotilleos de librero. Me cuenta J.M. el apuro que experimentó, en vísperas de una feria del libro, cuando tenía la librería empantanada de cajas, al ver las dificultades que pasaba, para moverse entre ellas, un cliente con muletas. Al final, después de una ardua brega junto a la mesa de novedades, éste se acercó al mostrador con tres libros en la mano. "Tiene usted una buena selección de títulos", dijo al librero. ""Bueno, al menos lo intentamos", respondió éste, "aunque, como usted ve, el espacio no lo facilita. Apenas puede uno moverse entre las cajas". "No hay problema -dice el comprador-. Eso de rozarme con cajas, sabiendo que contienen libros, me sube la libido...".

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Una nueva modalidad de perversión: la del libridinoso.

3 comentarios:

la luz tenue dijo...

A mí me gusta -mucho, mucho- acariciar el lomo de los libros y arrancarles los pelillos de los vértices deshilachados.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Eso de los pelillos...

conde-duque dijo...

¡¡¡Esto se está convirtiendo en una web porno!!! Repito: como se entere la APA...