viernes, marzo 16, 2007

LIBROS PERDIDOS

En La biblioteca de noche, de Alberto Manguel, leo que, en los años 90, la BBC quiso emular el viejo Domesday Book (una especie de censo, que se considera una joya de la literatura inglesa medieval), y para ello echó mano de las nuevas tecnologías. Se diseño un complejo programa para archivar y leer las aportaciones de miles de colaboradores anónimos. En pocos años, cuenta Manguel, ese programa y los archivos a él asociados quedaron inservibles, al resultar incompatibles, incomprensibles o irrecuperables para posteriores generaciones de ordenadores. El viejo Domesday Book sobrevive en su urna y es perfectamente legible, mientras que el nuevo no ha durado ni una década. Buena parábola para todos esos beatos de la tecnología que pronostican, e incluso preconizan, la destrución del papel.

(Claro que, para que no se me suba la soberbia antitecnológica a la cabeza, ahí tengo, a la espera de ser leído, La biblioteca de los libros perdidos, de Stuart Kelly: un amplio compendio de libros de los que sólo conocemos el título, porque el resto ha desaparecido.)

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