lunes, marzo 19, 2007

ROGATIVAS

Las mujeres de los trabajadores de una empresa amenazada de cierre se manifiestan al paso de un alto cargo de la administración. Se corean pareados más o menos logrados, apelando a la responsabilidad del político. Éste no pierde la ocasión de darse el correspondiente baño de masas: "No os voy a dejar tiraos", dice. "No nos dejes, no nos dejes", arrecian las voces. Algo me dice que éste es su día de gloria, la realización del sueño más preciado entre los de su oficio: igual que al rey de Francia se le atribuía el poder de curar a los escrofulosos, a éste político local se le ha reconocido hoy públicamente la capacidad de enderezar entuertos que nacen fuera de su jurisdicción y escapan al control de gobernantes mucho más poderosos. La masa vociferante le ha otorgado atribuciones sobrehumanas. Todo quedará en un reparto más o menos discrecional de fondos públicos, subsidios, indemnizaciones, que llegarán en el momento que al político le parezca electoralmente más rentable. "No nos dejes, no nos dejes", le gritan, como a una virgen sacada en rogativas. No os va a dejar. Os necesita más que vosotros a él.

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Reorganizar una biblioteca se parece mucho a lo que describe el Génesis. Al principio fue el caos. Luego, poco a poco, el conjunto cobra sentido. Pero lo mejor está por llegar: es el momento en el que a unos pocos, por sus pecados, se les expulsa definitivamente del paraíso.

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El canto de los pájaros al amanecer. También ellos parecen manifestarse por algo. Y saben algo que los humanos aparentamos ignorar: que, en último extremo, todos los lemas, por opuestos que parezcan, responden a un mismo clamor.

1 comentario:

Camilo de Ory dijo...

Siempre he querido pasear por los barrios de mi ciudad en calesa repartiendo dádivas y recibiendo populares loores, si es que los loores se reciben, que yo creo que no.

Julián Muñoz solía hacerlo, si bien a pie, durante su breve mandato como alcalde de Marbella.

Un saludo.