viernes, abril 13, 2007

CEMENTERIO DE PALABRAS

Como uno no rehúye nunca la melancolía, y más bien es algo propenso a ese estado de ánimo, tan asociado a la fugacidad de las cosas, sentí un escalofrío cuando el locutor del telediario mencionó que había una página en Internet donde se recopilaban palabras en vías de extinción. Corrí a buscarla, con la idea anticipada de que iba a paladear una lista de términos venerables; y algo abrumado, también, por el dato de que, en el último cuarto de siglo, más de seis mil vocablos han sido borrados del Diccionario de la Real Academia. Entre alarmado y melancólico, en fin, acudí a dicha página. No sin alguna prevención, claro. Porque lo primero que pensé fue: si la Academia, a la hora de certificar la agonía y muerte de las palabras, se rige por los mismos criterios que cuando da fe de su nacimiento, apañados estamos. Porque no hay espectáculo más penoso que asistir, año tras año, al laborioso parto por el que los titulares de dicha institución vierten en el diccionario palabras como “zapear” o “guay”. Y es que, cuando el diccionario recoge una palabra de este tipo, tiene uno siempre la impresión de que está actuando como esas maestras de parvulario que se empeñan en hablar el mismo lenguaje que sus alumnos. Da grima, en efecto, oír a un académico defendiendo el valor de la palabra “guay”, o la legitimidad de un término como “zapeo”.

Acudí, ya digo, con ciertas reservas a lo que prometía ser un cementerio de palabras. Por lo que no me extrañó hallar en él algunas tan vivas como “almorrana” o “alcaucil”. Cierto que los finos padecen hemorroides, antes que almorranas. En cuanto al alcaucil, recuerdo a un profesor mío de la universidad que dedicó toda una clase a explicarnos que la etimología de este sabroso vegetal coincidía con la de “caudillo”; que ambas palabras (en aquel tiempo, todavía captábamos la intencionalidad política de estos alardes de erudición recreativa) venían a significar algo así como “cabecita”… Tampoco parece del todo muerto el término “orinal”: que haya caído en desuso dice algo, quizá, a favor de la mejora de nuestras condiciones de vida; también, del abandono de ciertas franquezas, digamos, patriarcales. “Pilila”, en cambio, pertenece a la categoría de lo entrañable: casi nunca nos acordamos de que ese atributo, tan groseramente invocado a veces, tuvo infinitas denominaciones cariñosas en labios de nuestras madres, mientras éstas nos inculcaban algunas indelebles nociones de higiene personal y conocimiento de nuestros cuerpos.

Ninguna de esas palabras, decía, está muerta; a lo sumo, andan adormiladas, o replegadas al ámbito de la ironía, o del habla cargada de intención. Antes morirá, me temo, el omnipresente emepetrés. Antes dejaremos de zapear, en fin, que de yantar. Y antes se extinguirán las “grandes superficies” que los humildes ultramarinos. A pesar de los académicos. Y de los melancólicos.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Y pisha...

loganfugado dijo...

Embustero, sentir (oír), vera (lado), pupitre...

conde-duque dijo...

Pues yo la verdad es que nunca había visto ni oído la palabra "alcaucil". Ignorante que soy...
En esto de las palabras hay de todo. Muchas dan pena que se extingan, igual que hay nuevas palabras ridículas (por estos lares todos -yo el primero- hablamos de blogs, posts, etc, que es una cosa absurda), pero algunas deberían ser eliminadas por decreto, como "empero".
"Hoy me he encontrado con uno de esos que escribe empero" (es mi frase preferida de A.T.)

PD: Por cierto, don Jose Manuel, le recomiendo este blog que acabo de descubrir sobre problemas de traducción en las películas y eso. Me ha parecido muy interesante:
http://traduccionydoblaje.blogspot.com/index.html

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomo nota de ese "blog" (es verdad, qué palabra tan ridícula).

En cuanto a lo de alcaucil... En Cádiz, y creo que en buena parte de Andalucía, no se conoce a esa verdura de otro modo. La palabra "alcachofa" queda reservada para las de lata; hasta tal punto, que yo, de pequeño, creía que las verdes y las de conserva eran alimentos distintos. Sería una ridiculez aquí hablar de "patatas con alcachofas"; lo suyo es decir "papas con alcauciles" (las del bar Juanito de Jerez, por cierto, tienen merecida fama); que no se deben confundir con las "papas en alcauciles" (y no "con"), que se guisan igual, pero sin la verdura que le da nombre al plato: cosas de la proverbial escasez andaluza.

Portorosa dijo...

Pues a esta frase tuya

Da grima, en efecto, oír a un académico defendiendo el valor de la palabra “guay”, o la legitimidad de un término como “zapeo”.

le contesto con otra, de hace unos días

...pretender que los diccionarios corrijan la Historia y la suerte de cada palabra es una ingenuidad, cuando no una exigencia abusiva...

Porque, si no me equivoco, la RAE básicamente describe, no juzga ni califica; su único criterio para decidir si incluye a una palabra en la lista oficial del castellano es su uso, ¿no?

Si me equivoco, envainaré agradecido. Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No veo la contradicción entre una frase y otra, salvo que una es un juicio de valor (y, por tanto, subjetiva e indemostrable) y la otra, en cambio, enuncia una especie de principio (en la medida en que eso es posible en un artículo ligero). La "grima" a la que aludo la produce ese no saber guardar las distancias y los plazos que afecta incluso a las instituciones más respetables cuando se entregan a la exhibición mediática. Una academia, entiendo, debe ser prudente, para no caer en novelerías. Pero eso, ya digo, no deja de ser una opinión. Lo que sí es contradictorio es que se recojan palabras que apenas aciertan a sobrevivir unos meses o unos pocos años y, en cambio, se "depuren" viejos significados seculares por entender que ya no responden a la corrección política imperante.

Portorosa dijo...

Me había parecido que, con esas frases, por un lado estabas diciendo que la RAE no debía entrar en el supuesto valor de la palabra, que no debía juzgarlas más que atendiendo a su consolidación dentro del idioma, y por otro te estabas quejando de que no hubiese otro criterio.
Pero si al rechazar "guay" o "zapear" lo hacías sólo porque crees que no están consolidadas y son pasajeras, efectivamente no hay contradición. Independientemente de que esto último, su posible permanencia, sea discutible.

Pero bueno, en cualquier caso depurar no depuran, ¿o sí? Sólo hubo una petición en ese sentido, pero creo que sin consecuencias (aunque todo se andará).
Entradas como "alcaldesa" siguen recogiendo la acepción más incorrecta políticamente, a pesar de que haya habido quejas.

Gracias por la respuesta. Un saludo.