domingo, abril 15, 2007

PROFESIONALES

A mí El buen pastor (The Good Shepeherd, 2006), la pretenciosa película de Robert de Niro sobre la CIA, me parece una nueva versión de El FBI contra el imperio del crimen, la elemental y eficiente película propagandística de Guerra Fría que dirigió Mervyn LeRoy y protagonizó James Stewart. Sólo que, donde Stewart ponía su pasión y su buen hacer al servicio de una historia que, en el fondo, no era más que la biografía de un hombre que ha dedicado su vida a una profesión, sin ahorrarnos siquiera la inevitable crisis de madurez, el gélido Matt Damon presta su máscara inexpresiva a un confuso drama de lealtades cruzadas. Símbolo cada una de ellas de su tiempo, la de LeRoy mostraba la solidez de las causas y la fragilidad de los hombres, mientras que la de De Niro (¿por qué diablos le habrá interesado esta historia?) apela a la futilidad de todas las causas y a la sola continuidad de la máscara con que asistimos al desfile de las mismas. Ni que decir tiene que, aunque yo no comulgue exactamente con lo que se defendía en la primera, si considero que ésta pone las cosas en su sitio con más acierto que su pretenciosa réplica contemporánea. Quiero decir: estoy con el neurótico y contradictorio Stewart, antes que con esa especie de ejecutivo del crimen de estado que interpreta Damon, y que tanto se parece a los muchos profesionales de la supervivencia a cualquier precio que hoy día abundan en casi todos los oficios.

2 comentarios:

Emasculador de Bayreuth dijo...

Hombre la pelicual de Mervin Leroy tampoco es como para tirar cohetes por mucho James Stwart por mucha Vera Miles que tenga. A mi me parece torpe y como hecha sin ganas. Sin ganas de volver a verla. Eso si, la otra peor, peor.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre, no le voy a decir que sea "El acorazado Potemkim", pero sí que a mí me resulta simpática, e incluso tiene un momento de clímax (cuando el agente que interpreta Stewar deja de verle sentido a su profesión y a su vida de hombre maduro) que suena a verdad humana. Y que eso a mí me parece que se debe más a la personalidad de Stewart, que sabe llevar a sus personajes a ese punto crítico, que al guión o a la dirección.