lunes, abril 09, 2007

UN LECTOR

(De las pasadas vacaciones.) Reconozco de inmediato el libro que ese hombre trae en la mano: El hombre que fue jueves, en la clásica traducción de Alfonso Reyes y en la edición de bolsillo de Ediciones G.P. de 1962 (compruebo los datos en mi propio ejemplar). Hasta no hace mucho, la sola visión de alguno de esos expositores circulares que algunas librerías de viejo todavía utilizan para albergar los libros de estas venerables colecciones que distribuía Plaza & Janés provocaba en mí un inhabitual sentimiento de avidez. Y digo "hasta no hace mucho" porque ya mi vista (la presbicia del cuarentón, ay) no es la que era, y la letra minúscula de estos libros, el papel quebradizo y amarillento, la tinta más grisácea o parduzca que negra y la práctica ausencia de márgenes tienen en mí un efecto claramente disuasorio. Lo que no empaña en absoluto el recuerdo de la alegría que sentí, por ejemplo, hacia 1984 (es el año que consta, junto con mi nombre, en los ejemplares que conservo de esa ocasión), cuando un tío mío me llamó para decirme que había rescatado de la basura un cajón de libros de los que su jefe se disponía a deshacerse. Mi fama de lector compulsivo era ya proverbial en la familia, e incluso objeto de no pocas burlas, cuando no de regalos voluntariosos y casi siempre descaminados. Me temí que ése era el caso, y acudí con pocas esperanzas a examinar el contenido de dicho cajón. Lo que en él había, sin embargo, me proporcionó lectura para todo un verano: un buen puñado de novelas de Chesterton, un par de títulos de Papini, el Tristán e Isolda de Bédier, los Cantos de Leopardi en la excelente traducción de Diego Navarro, y el sorprendente Los antipáticos, una colección de entrevistas de Oriana Fallaci a personajes entre los que figuraban Hitchcock o el poeta Quasimodo...

La mayoría de estos títulos, ya digo, pertenecían a la menesterosa colección de bolsillo antes mencionada; que pronto, como si el gesto del jefe de mi tío obedeciera a una consigna de alcance nacional, pasó a formar parte del fondo de saldo de todas las librerías de viejo que me iban saliendo al paso, y en las que yo iba pescando títulos de Kipling, de Somerset Maugham, de García Pavón, de Miguel de Villalonga...

Me pregunto si el ejemplar que lleva en la mano este hombre ha sido comprado recientemente en algún baratillo; o si, como el mío, lo acompaña desde hace años y tiene detrás su propia historia azarosa. Pocos minutos después de nuestro encuentro veo al desconocido sentado en una plaza, en una de las sillas mojadas por la lluvia que han dejado a la puerta del clausurado casino del pueblo. A los dos nos delata a la legua nuestro aspecto de turistas, de visitantes. Trato de imaginar las ramificaciones del enrevesado argumento del libro de Chesterton en la mente de ese extraño, o la cadena de decisiones que lo habrá llevado a preferir esa lectura, en ese destartalado ejemplar, seguramente a punto de deshacerse en sus manos, a otras más modernas y con más posibilidades de lucimiento ante amigos y conocidos. Todo lector es un misterio. Ha advertido, por cierto, mi mirada fija en la portada del libro, los cuchicheos que he intercambiado con mi mujer. A lo mejor también él le va a la suya con el cuento: "Fíjate, me he cruzado con un tipo que se ha quedado mirando el libro que llevaba. Lo mismo lo ha leído..."

3 comentarios:

conde-duque dijo...

Don Manuel, ¡es que esos libros son emocionantes! (Aquí otro lector compulsivo: los signos de exclamación significan emoción...)
Aunque tengan aspecto un poco cutre y las traducciones sean sospechosas, tienen algo especial. En las últimas ferias del Libro Antiguo de Recoletos prácticamente sólo he comprado libros de esa colección, porque eran los más baratillos (2 euros). ¡¡¡Sí, Chesterton, Zweig, Somerset Maugham, Maurois... y, sobre todo, Knut Hamsun!!!! Gracias a esta colección he pasado horas inolvidables leyendo las obras de este hombre (Hamsun): Hambre, Rosa, La última alegría, Bajo las estrellas de otoño, Un vagabundo toca con sordina, etc. (Papini es uno de mis ídolos.)
Otros autores de esta colección no he llegado a catarlos: Maxence van der Meersch, Daphne du Maurier, Pearl S. Buck, William Saroyan... Nunca me he animado del todo. ¿Qué tal serán?
Un saludo.
PD: No estoy seguro, pero yo creo que esos traductores cuyos nombres eran sólo iniciales (F.C.) o tienen pinta de estar inventados o que ni siquiera aparecen, mejoraban las traducciones con dosis de imaginación propia. Debían de pasar hambre, pero seguro que se lo pasaban bien.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¡A dos euros! El último lote que compré, hará un año (antes de que me resignara a mi presbicia) costaba 60 céntimos el ejemplar.

De Pearl S. Buck leí un par de novelas en mi adolescencia, y guardo buen recuerdo de ellas, aunque supongo que hoy se me caerían de las manos. Le dieron un premio nobel y todo, como a Hamsun. Yo siempre me acuerdo de estos premios nobeles caducos cuando dan el del año en curso. Resulta aleccionador.

conde-duque dijo...

Sí, dos euros (que es que Recoletos tiene más glamour), lo que le cuesta a Rajoy un café y a ZP dos y medio.
Por cierto, que se me olvidaba otro tomo de Hamsun: uno que incluye "Pan", "Soñadores", "Por los viejos caminos" y "Vida azarosa". Sí, le dieron el Nobel en 1920, pero en su descargo hay que decir que después se lo quisieron quitar por filonazi (precisamente en "Por los viejos caminos" cuenta los líos que tuvo).
A mí me encanta este hombre.