sábado, mayo 19, 2007

CAMPAÑA

Una prueba más de la tan cacareada desconexión entre la ciudadanía y los políticos es la coincidencia del inicio de una nueva campaña electoral con la publicación de los resultados de una encuesta según la cual la información política interesa “poco o nada” a tres de cada cuatro españoles. Lo que, en un mundo regido por lo sondeos de opinión, revela una curiosa paradoja: la clase política, en su totalidad, se apresta a hacer, durante quince días, los mayores esfuerzos imaginables por generar un tipo de información del que los ciudadanos huyen como de la peste.

Éstos, en cambio, declaran sentirse razonablemente interesados, dependiendo de su edad, sexo, nivel de formación, etc., por campos tan diversos como la ciencia, la tecnología, la medicina, la salud… Lo que, quizá, tendría que hacer pensar a los políticos que, antes de airear sus conflictos endogámicos, quizá debieran procurar atraer la atención de los ciudadanos sobre cuestiones que tuvieran que ver con la variedad y riqueza de la vida, tal como ésta se manifiesta en la cotidianidad. Tal vez escucharíamos con atención a un señor o señora que, en vez de pregonar sus presuntos méritos para ocupar un cargo, hablase sosegadamente de qué hacer para que nuestras ciudades fueran más transitables y menos ruidosas; que estuvieran más limpias, que no abundasen en fealdades arquitectónicas; que no estuvieran indefensas ante la primera horda que, un viernes por la noche, decide destrozar un parque público; que tuviesen una oferta cultural variada… Entre una de esas mañanas que parecen inventadas para insuflarte ánimos y otra que no es más que el inicio de una nueva jornada descorazonadora sólo media, a veces, la desidia municipal de no haber hecho tapar una zanja o retirar unos escombros malolientes. Entre una tarde de sosiego y otra en la que uno parece convalecer de una crisis nerviosa no se interpone, en ocasiones, más que la habilidad de un concejal para evitar un atasco al final de la jornada.


La buena marcha del mundo, cierto, depende de cosas más importantes y complicadas. Alguien tiene que ocuparse del desarme, del diálogo entre civilizaciones, de la economía mundial... Pero la felicidad inmediata del ciudadano, cuando esas grandes cuestiones no asoman los cuernos, depende de otros factores: de algo así como la confianza de vivir en un entorno donde la dignidad pública y privada de las personas no esté constantemente amenazada por un sinfín de interferencias de las que nadie se hace responsable.


Nada parece indicar que esta cuestión vaya a ocupar el lugar central de la campaña electoral que empieza. Los grandes partidos han vuelto a echarse en cara sus viejos trapos sucios. Tampoco parece que vaya a haber grandes cambios. Si acaso, lo que ya vaticinan las encuestas: que votará menos gente que otras veces. Lo que tampoco resulta un consuelo que digamos.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

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