viernes, mayo 18, 2007

LA FERIA

Feria del Libro de Sevilla, ayer, a eso de las siete y media: una multitud empieza a invadir la plaza, la cruza a pasos enérgicos, como si acudieran a algún asunto urgente. Desde los puestos de libros (yo me resguardaba del calor tras el mostrador del 44) en ningún momento dudamos de lo que se nos venía encima: la muchedumbre acudía a la fiesta que daba el ayuntamiento para conmemorar el triunfo del Sevilla en la copa de la UEFA. Algunos de los que atravesaban la plaza miraban los puestos con cierta curiosidad inquisitiva: "¿Será aquí donde sirven las cervezas?".

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"Ah, ¿es usted el autor?", dice desconfiado este transeúnte, después de cotejar la foto de la contraportada con mi propia cara. Y se aleja, meneando la cabeza, como diciendo: "Qué cosas...".

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Y esa chica que, después de enterarse de que mañana han suspendido las clases en la universidad, se ha lanzado a toda prisa a coger el último tren a Cádiz, con la esperanza de llegar con tiempo para arreglarse e ir a otra fiesta multitudinaria en una conocida discoteca gaditana. Qué ímpetu. La oigo cerrar sus planes por teléfono (se ha quitado de encima al novio, que anda preparando un examen, ha quedado con una amiga remisa, ha dado informes tranquilizadores a la madre) y me asalta una oleada de ternura, que no de envidia: lo último que desearía es verme en su lugar. Yo me conformo con llegar a casa y lograr conciliar el sueño, después de un día tan ajetreado. Y para eso no le tengo que dar explicaciones a nadie (a mí mismo, quizá).

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