domingo, mayo 20, 2007

MELANARGIA INES


Como es de prever que ya los fríos se han terminado definitivamente este año, apilo la leña sobrante del invierno en un rincón del patio. Al sacudir el plástico con el que la cubría, sale revoloteando una mariposa y se posa en el suelo. Su inmovilidad es sospechosa: la de esos insectos que, antes de morir, entran en una especie de atontamiento que se parece mucho a la indiferencia. Un avispón purpurado empieza a rondarla. Temiéndome ser testigo de una cacería poco gloriosa, mato al avispón (que tampoco andaba muy espabilado, todo hay que decirlo) y recojo delicadamente del suelo a la mariposa.

La dejo en el repecho de un ventanuco, con la esperanza de que, desde esa altura, se deje caer al aire y emprenda un vuelo vivificador. Y lo intenta, pero sólo para aterrizar de nuevo en la rehecha pila de leña, que he vuelto a cubrir con el plástico: es decir, ha vuelto al lugar del que la sacaron mis quehaceres de hace unos minutos. Yo, a lo mío: barro del suelo los trozos de corteza y la característica tierra negra que deja la leña sometida a la acción de la intemperie, arrimo a la pared una bombona de gas, vacio el agua de lluvia estancada en un cubo... Y, cuando vuelvo a mirar la mariposa (no lo he dicho aún: una melanargia ines, o "medioluto inés", según reza un manual que consulté luego), veo que ésta ha plegado las alas y ha encajado su cuerpo en un repliegue del plástico. Se lo hago notar a M. "Déjala, ¿no ves que sólo quiere morir tranquila?".

A la mañana siguiente, en efecto, la mariposa tiene ya la típica consistencia de artilugio de papel que presentan los insectos muertos. La saco del nicho que voluntariamente ha elegido, la vuelvo a poner sobre el repecho. Y emprende un último vuelo, esta vez sin agitar las alas, movida sólo por una brisa matinal inesperadamente fría, que me hace preguntarme si, después de todo, no me habré precipitado en recoger la leña, que puede que nos vuelva a hacer falta esta noche.

2 comentarios:

Mabalot dijo...

Qué bueno este texto. Me ha parecido que esa mariposa nos da una lección, como un viejo elefante que se retira a morir o un sabio chino en una cabaña, tranquilo, dispuesto a todo.

Y me hace gracia la presteza con la que se cargó al avispón. Esa es una política de izquierdas, está claro.

Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿Por qué de izquierdas, amigo Malabot? ¿Y si el avispón fuera el proletariado, dispuesto a devorar de una vez a la burguesía cursi y mariposona?