lunes, mayo 14, 2007

RITOS DEL MES DE MAYO

No, si la idea no es mala. Reunirse con un grupo de afines; leer unas páginas de un libro; dar ocasión a que los asistentes aligeren un poco sus conciencias mediante un acto previo de contrición; rematar el encuentro con un banquete simbólico, consistente en un poco de pan y un sorbo de vino…

Lo malo son las circunstancias concretas en que dicho ritual se lleva a cabo. Ayer, por ejemplo, mientras asistía a la iniciación en el mismo de una sobrinilla mía: el oficiante no consiguió que los asistentes guardasen el silencio y la compostura necesarios; el acto abundó en infantilismos que se adivinaban impostados, fingidos, ideados exclusivamente para agradar a la concurrencia; el edificio mismo en el que se celebraba destilaba esa falta de conexión con cualquier clase de tradición espiritual de la que adolecen tantas construcciones modernas...

Siempre que algún compromiso familiar me arrastra a una de estas ceremonias, me complazco en imaginar alguna clase de regresión a una edad en que mi imaginación era más permeable a las mismas. Pero el efecto que operan en mí es justo el contrario: me proyectan a un mundo donde la única esperanza de trascendencia implica el rechazo absoluto de estos ritos gregarios y el ahondamiento en ciertas prácticas radicalmente individuales. Antes que este ruido de multitud endomingada, tan molesto como cualquier otro, buscar un silencio grato al ejercicio del pensamiento libre (que no, necesariamente, del “librepensamiento”), al afloramiento de ciertas verdades intuitivas que no pueden ser negadas sin más por el discurso racional, similares a aquellas a las que se accede mediante la poesía y la música; o a la constatación de que ciertos estados de conciencia muy humanos (el amor, por ejemplo, en casi todas sus acepciones) implican una renuncia o una superación de nuestra humanidad elemental…

Y que nadie confunda esto con un anhelo de no sé qué.

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