viernes, mayo 11, 2007

TAXI 79

Me recoge en la puerta de la Escuela de Hostelería. "¿Es usted profesor aquí?", me pregunta. "No", le digo, y la visión de un libro en el salpicadero me anima a extenderme: "He venido a almorzar con un escritor al que presento esta tarde en la Feria del Libro. Ya veo que a usted también le gusta leer...", comento, señalando el libro, cuyo lomo ya he podido leer: inevitablemente, otro de Pérez Reverte. "Sí, leo entre cuarenta y cincuenta novelas al año. La Regenta, El padrino... Fue mi cuñada la que me despertó la afición". "Supongo que tendrá mucho tiempo libre, mientras espera que aparezca algún cliente...". "Sí, leo mucho por las noches. E incluso de día". Es un chico joven, le calculo unos veintiocho años. Cara angulosa, patillas recortadas en forma de hacha, pelo muy corto. Limpio, simpático, seguro de sí mismo. "Es lo único que me interesa: la lectura. Bueno, también le pego al buen cine...". El trayecto se acaba. "La verdad -le digo- es que tendría que decir en mi presentación que he conocido a un buen lector. No abundan". "Dígalo. Taxi 79".

Le dejo una buena propina, por la charla y por haberme proporcionado, durante unos minutos, la visión de un espejismo que no estoy seguro de que sea muy deseable, pero que a veces se nos pone por delante como un atractivo fuego fatuo: el de un mundo donde todo el mundo hablara de libros y compartiera esa sociabilidad elemental que suele suscitarse en torno a los libros cuando quienes los leen y opinan sobre ellos no son profesionales de la cosa. Taxi 79. A lo mejor le regalo algún día un libro mío (pero, ¿y si le quito la afición?).

3 comentarios:

RM dijo...

En Sevilla, hace un par de años, el taxista que le llevó estaba leyendo... "La montaña mágica". Impresionante.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, ya que hablamos de lectores inesperados, citaré aquí a un grupo de infantes de marina con los que viajé una vez en el antiguo expreso, y que eran aficionados a la literatura de aventuras marinas: nos pasamos la noche hablando de Conrad, de Stevenson, de Baroja... Para que luego digamos que la gente no lee.

Mabalot dijo...

De eso, Sr. Ariza, tendría que escribirnos un relato. Vaya, el antiguo expreso, literatura de aventuras marinas, infantes de marina y todo salpimentado con Conrad, Stevenson, Baroja...

¿Habría algún Conrad o Melville entre ellos, o esos eran otros tiempos?

Un saludo. Soy asiduo de su columna de humo.