miércoles, mayo 09, 2007

TELETRANSPORTACIÓN

Me cuenta mi hija que, entre la chiquillería del pueblo, reinaba ayer una gran expectación ante el vuelo sobre la Bahía de ese monstruoso avión para ochocientos pasajeros que anda ahora en periodo de pruebas. "Cada ala", me dice, "mide lo que un campo de fútbol". Todo parece aludir, en este coloso del aire, a la desmesura numérica. Asombra este afán de la modernidad: el de encerrar todas las facetas de nuestra vida en receptáculos capaces de albergar centenares o millares de personas. Hace unos años vimos cómo uno de esos receptáculos -un inmenso rascacielos doble- era destruido en un espectacular ataque terrorista. Y ya andamos ideando otra trampa similar: desmesurada, injustificada (¿hay verdadera necesidad de ir a ninguna parte en un avión como ése?), con algo de desafío a las leyes de la física y la lógica. Y es curioso que, donde fracasó el Concorde -que, al fin y al cabo, era un bello e inútil arrebato tecnológico, que tenía más de alarde estético que de otra cosa- vaya a triunfar ahora este artefacto desgarbado y pesado, que tanto llama la atención de los niños.

***

Ya sé para qué hacemos tanto ruido: para defendernos del que nos llega de fuera.

***

Creo que sólo me aficionaré de verdad a los viajes cuando se invente la teletransportación instantánea (que ya está inventada, al menos en concepto, como saben todos los aficionados a las películas de ciencia ficción).

No hay comentarios: