jueves, junio 07, 2007

AL TERCER DÍA

Al tercer día de levante, el mar, de tan revuelto, tiene un color verde sucio, como de agua de fregar. Y el aire es tan liviano, tan falto de sustancia, que no llena.

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Extraño ánimo el que nos procuramos a fuerza
de intercambiar desánimos. A E. la primavera, alguna reciente vicisitud dolorosa y su condición de personaje cuasi público caído en desgracia lo han convertido en un alma en pena que pasea su inquietud por esta especie de antesala donde todos se cruzan que constituyen las calles céntricas de la ciudad. Yo le cuento mis penas, no tan fundadas como las suyas. Instintivamente bajamos la voz: las paredes oyen, y no es bueno ventear ciertos agravios en un escaparate. Me pregunto si este equipararnos en el desánimo no es una especie de deferencia mutua: sería hasta de mala educación, ante las circunstancias del otro, alardear de logros y triunfos, en el caso de que los hubiera. Por suerte, nos conocemos lo bastante bien como para no tomarnos del todo en serio. Y esa risa final con la que nos despedimos bien vale por la hora larga de quejas que ha quedado atrás, enrareciendo aún más la atmósfera cargada del café.

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Y ahora me acuerdo, no sé por qué, de ese trabajador ejemplar que, habiéndose torcido un tobillo, acudió al trabajo con muletas al día siguiente, en vez de darse de baja. Con lo que consiguió lastimarse la otra pierna y tirarse un mes sin poder moverse.

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