viernes, junio 08, 2007

ALBÓNDIGAS


De todos modos, que hagamos más caso de nuestros cambiantes estados de ánimo que de la digestión, por ejemplo, no deja de ser una más de las muchas arbitrariedades por las que nos regimos. Ayer el desánimo, hoy un sentimiento de exultación igualmente poco fundamentado... Como decir: ayer digerí mal las alubias, hoy he comido unas sabrosas albóndigas que me han contagiado su amenidad, la humorada de su forma, el principio de autoindulgencia que rige su consistencia y su cómodo tamaño.

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Todo ha sido dicho, todas las películas posibles han sido ya filmadas. Veo Almas de metal (Westworld, 1973), de Michael Crichton. Robocop, Parque Jurásico, Terminator y demás no son más que variaciones más o menos estridentes de los temas enunciados en esta película barata y un tanto elemental, pero filmada con cierto convencimiento. Que dos adultos acudan a lo que ahora llamamos un parque temático para sumergirse en un remedo de western, en el que está permitido matar a los figurantes (aquí, unos sufridos robots), no deja de ser una lúcida anticipación de la clase de diversiones que reclamamos para espantar el hastío de nuestras muy reglamentadas existencias. Y que esos robots terminen por rebelarse, en fin, no es sino una exigencia elemental de nuestra mala conciencia.

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Hasta el God Save the Queen de los Sex Pistols ha adquirido cierta pátina al envejecer. Lo oí anteayer en la radio, como fondo de una noticia sobre la inauguración, en Londres, de una exposición dedicada a los años ochenta, los del punk y otras yerbas. Mi hija tuerce el gesto: ¿eso era el punk? Hoy quiere el azar que vuelva a oír la dichosa canción, en la versión de uno de esos grupos vascos que uno imagina que se oyen en las herrikotabernas. El esfuerzo fallido de estos malos músicos y peores versificadores por hacer rimar la letra traducida de este reconvertido Dios salve al rey reduce la gamberrada a la más absoluta inoperancia. Y, sin embargo, no deja uno de reconocer en ella... su tiempo. Quiero decir, el tiempo en el que uno era lo bastante maleable para dejarse llevar por esos vientos. Y me acuerdo, con ánimo nostálgico, de un amigo mío, militante comunista, que por entonces se rapó el pelo, se clavó un alfiler en la oreja... y consiguió que lo expulsaran del PC.

3 comentarios:

conde-duque dijo...

Intento imaginarme al señor Ariza de punki... y no, que no me sale.

Mabalot dijo...

PC. Cambian los tiempos; ahora PC es otra cosa...

Lo raro de los Sex Pistols es que ahora los ve uno y le parecen unos niñatos, casi de instituto. Imponen menos, claro, que cuando uno era enano.

Pero de vez en cuando es bueno que aparezcan unos sexpistols, para que algunos sean expulsados del PC... del PC que sea.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No, yo tampoco me imagino al señor Ariza de punkie. Y estoy de acuerdo con Malabot: lo único bueno de todas aquellos nihilismos juveniles fue forzar a algunos a abandonar los viejos pesebres ideológicos de los que se habían alimentado hasta entonces.