lunes, junio 11, 2007

DONCELLA GADITANA

Siguen llegando mariposas a morir a nuestro patio. Supongo que un entomólogo se reiría de nuestros asombros, pero la verdad es que el fenómeno no deja de resultarme llamativo. Esta vez son tres ejemplares de Melitaea Aetherie o "Doncella gaditana". Leo en mi ya sobada Guía de mariposas que esta especie sólo es visible en abril y mayo, de lo que deduzco que los tres especímenes que nos han llegado este fin de semana (machos los tres, por cierto) han agotado ya su ciclo biológico y, después de haber fecundado a sus hembras y libado las flores y cumplido todos los requerimientos de la naturaleza, vienen a morir con la buena conciencia de quien no ha dejado ninguna cuenta pendiente en este mundo.

Con todo, el espectáculo no es lo que se dice tranquilizador. El primer ejemplar lo descubrimos nada más llegar, el viernes por la tarde: estaba sobre el escalón que hay en la puerta de acceso al patio. Al verla inmóvil y con las alas extendidas, creímos que estaba muerta: pero, cuando hice el intento de alzarla sobre la planta de mi mano para observarla mejor, aleteó brevemente y sin fuerza, sin conseguir alzar el vuelo. La dejé con cuidado en el asa de una de las bombonas de gas que tenemos en el patio. Al hacerlo, vi que detrás, en el suelo, en la misma posición que la anterior, había otra. La toqué con la punta del dedo: plegó las alas, como cuando se posan en una brizna de hierba, pero tampoco tuvo fuerzas para alzarse del suelo.

Pero la más sorprendente fue la que vimos al día siguiente, al mediodía. Leíamos y tomábamos una cerveza en el patio. De pronto, con esa torpeza característica de los insectos al revolotear en un espacio cerrado, entró desde arriba y cruzó varias veces el espacio limitado por las cuatro paredes blancas, como si esa misma blancura la cegase y no atinase a encontrar la salida, la tapa de la caja abierta, el rectángulo de cielo del que se había dejado caer. Se cansó pronto, se posó en el suelo y allí permaneció inmóvil durante el resto de la tarde. De vez en cuando, como haciendo un gran esfuerzo, lograba alzarse unos centímetros, ya fuera volando, ya trepando por la pared. Así, hasta que quedó en el mismo estado de estupor agónico que las otras.

Seguro que a un experto, ya digo, le hacen reír estas especulaciones mías de profano. Me limito a anotar un fenómeno que nunca antes había observado. Y del que, todavía, no quiero extraer conclusiones fáciles.

2 comentarios:

conde-duque dijo...

Pues no sé qué diría un entomólogo, pero a mí me ha encantado este texto sobre las mariposas moribundas.
A mí estas cosas, esos detalles mínimos pero intensos, son los que más me gustan.
Me pregunto qué diría Nabokov.

Mabalot dijo...

Coincido con Conde. Ya le alabé el "capítulo" anterior sobre mariposas moribundas. Esos detalles, esa lupa que saca a veces nos da unos textos que están más que bien.