viernes, junio 15, 2007

EL CHICO AQUEL DEL ANUNCIO

El hecho de que el coche siga siendo uno de los bienes más deseados por los consumidores explica, imagino, que los anuncios de automóviles sean los que mejor reflejan la mentalidad del ciudadano medio. Todavía recuerdo uno de hace años en el que se veía a un chico al que habían castigado a copiar en la pizarra no sé qué sandez que había dicho sobre la envidia que el cochazo de su padre despertaba en el pobre y resentido profesor. El anuncio reflejaba bastante bien el estado de ánimo de un país que había alcanzado la condición de “desarrollado” sin haberse tomado nunca en serio la base esencial de cualquier desarrollo sólido: la educación.

No sé si las cosas han cambiado algo desde entonces. Quiero creer que sí: la publicidad, en general, ya no difunde ese menosprecio tan claro hacia la escuela. Ahora son otras instancias las que parecen concentrar los cínicos diagnósticos de los creadores de anuncios. El civismo, por ejemplo. Coincidiendo con una de las campañas oficiales más severas que recordamos para alertar a la ciudadanía de los peligros de la conducción irresponsable, se ha emitido un anuncio en el que se ve a una alegre pandilla de veinteañeros, o quizá treintañeros, viajando en un coche en el que suena a todo volumen una canción de moda. Todos, conductor incluido, bailan al ritmo de la misma, sugiriendo esos estados de euforia inducida que padecen tantas pandillas similares en las noches del fin de semana.


Pero el anuncio no sólo hace burla de las directrices truculentas de la Dirección General de Tráfico. Al fondo entrevemos lo que parecen calles de una zona residencial. De lo que podemos colegir que, además de conducir de un modo, digamos, inapropiado, los alegres chicos del anuncio se muestran absolutamente indiferentes al precepto cívico que invita a respetar el derecho de los habitantes de esas zonas a descansar, trabajar o hacer lo que les venga en gana sin sufrir molestas interferencias del exterior. Ni que decir tiene que la situación reflejada es absolutamente real: a cualquier hora del día, en cualquier calle de España, puede uno ver y oír ese molesto desfile de coches-discoteca, conducidos por chicos como los del anuncio.


En otros contextos menos frívolos, a estos chicos se les llama mileuristas, porque los sueldos de la mayoría de ellos (de los que trabajan) apenas alcanza la cifra de mil euros al mes. Lo que no da, dicen, para vivir por cuenta propia con las comodidades que disfrutan en casa de sus padres, pero sí —y eso lo saben los publicitarios— para pagar un coche a plazos. Un coche que, más que marcar la llegada a las responsabilidades y privilegios del adulto, supone ahora una patente de corso para prolongar hasta más allá de la treintena el exhibicionismo ruidoso y provocador del adolescente.


Y es que el chico aquel que escribía en la pizarra se ha negado a crecer. O no le dejan.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

O forte de Xinzo dijo...

Desde luego esta juventud no se a donde va ir a parar. En mis tiempos...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No es eso, hombre. Léanlo bien.