jueves, junio 28, 2007

GASOLINERA

En algún momento, misteriosamente, desaparecieron los orinales de debajo de casi todas las camas. Claro que un país más limpio no es necesariamente un país mejor.

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Hace aproximadamente un mes que reparé en esta empleada de gasolinera. El autobús disminuye siempre la velocidad en ese tramo de la avenida, donde el tráfico se espesa. Levanta uno la vista del libro y estudia las aceras con cierta curiosidad indebida: las multitudes atareadas de primera hora de la mañana constituyen un espectáculo cuanto menos interesante. Y allí estaba aquella empleada: morena, con una densa cabellera ondulada, de estatura mediana y complexión robusta, como corresponde a una mujer que hace un trabajo que exige cierta fuerza física. La falda corta deja ver unas piernas fuertes y bien torneadas. Se mueve con decisión entre los vehículos que hacen cola, maneja los artilugios de su oficio con precisión y dominio. Por un momento, quisiera uno no estar en este autobús, hacer cola en ese surtidor, oírla despachar con desparpajo las groserías de camioneros y taxistas, pedirle que me cambie unas monedas para la bomba de aire, por ejemplo. Pero cada cual tiene marcado su destino. Y, mientras el autobús se aleja, me pregunto qué sentido tienen estas fantasías pertinaces, que ni siquiera tienen la limpieza de empujarte a algún tipo de estrategia de coquetería, no ya de seducción. Pero no hay melancolía en esta constatación; antes al contrario, el agradecimiento de que una mera mirada distraída a la acera te proporcione, cada mañana, un poderoso antídoto contra la misantropía, un ligero revulsivo sensual, un atisbo de que la vida inicia sus laberintos en cualquier parte, a cualquier hora.

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En el mundo de las decisiones, qué poco prestigio tiene la renuncia, esa forma mayor de la rebeldía.

4 comentarios:

El extirpador de Carranque dijo...

Recuerdo ese plano del "El gatopardo" con una habitación llena de orinales para "asistir" la siesta de las señoritas alojadas en aquella mansión.

Algunas mesitas de noche antiguas tenian habilitado un armarito en la parte inferior para guardar el orinal...

Las empleadas de gasolinera, las panaderas, las mancebas de farmacia, no se que tienen.
Bellisimo este "post".

Grosero dijo...

Las groserías no son patrimonio de camioneros y taxistas. También hay groseros que sean escritores, digo yo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Yo diría que entre los escritores hay más, incluso,que en esos dos respetables gremios.

JLP dijo...

No, no. Un país más limpio siempre es un país mejor. Un país que ha desterrado los orinales es sin duda más sano. Yo comprendo que lo usaran nuestros abuelos porque las cosas (y las casas) eran muy diferentes. Pero he conocido a un individuo de 30 y pocos años que lo usaba (un individuo con carrera y posibles), y lo usaba "asomándose" desde la cama de la siesta. A partir de ahí supe que era un ser tarado; y anacrónico en el peor sentido en que se puede ser anacrónico. Hala, regeneremos las costumbres.