martes, junio 12, 2007

INSOMNES

He recibido algunos ejemplares de mi traducción de Lucky Jim, la famosa novela de Kingsley Amis hasta ahora inexplicablemente no traducida al castellano. Cualquiera que haya pasado por una universidad reconocerá a muchos personajes y muchas situaciones. Y, también, ese vago romanticismo nihilista del joven bien informado y sin perspectivas. Quién no ha pasado por esa fase. Quién no arrastra irrestañables heridas de ese tiempo.

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Y, hablando de mis libros (el que acabo de citar lo es, aunque sólo sea vicariamente): me cuentan que una de las presentaciones de mi Sexteto de Madrid, grabada por una televisión local, ha sido repetidamente retransmitida en horario de madrugada. Me lo comenta un amigo insomne, de esos que se pasan horas cambiando de canal y navegando entre canales de teletienda y emisiones pornográficas con un número de teléfono sobreimpreso. Curioso contexto para mi monólogo sobre los actos literarios en el Círculo de Bellas Artes, las románticas incomodidades de los viejos expresos que todavía circulaban en los ochenta y mis ideas sobre el relato... A mis padres también les han llegado noticias de esa reiterada aparición mía en las desoladas periferias del universo catódico. También en el trabajo hay quien dice que me ha visto. Lo que prueba, en fin, que hay más insomnes de lo que parece; o que esas periferias televisivas tienen más atractivos (excluyendo mi aparición, naturalmente) de los que uno supone.

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Y una película que quiero dejar anotada: Despedida de soltero (1958), de Eugenio Martín. Sobre todo, por un delicioso e inesperado momento felliniano: cuando el protagonista, para quien un imprevisto flirt con una imponente periodista suramericana supone su última oportunidad (desaprovechada) de escapar del universo provinciano, ve amanecer en la playa, en compañía de la chica; y ésta, despechada al ver la indecisión y apocamiento de su galán, lo abandona (el coche era de ella) y él se ve forzado a hacer señas a los vehículos que vuelven a la ciudad; entre ellos, un coche lleno de noctámbulos gamberros, que lo increpan... Extraña mezcla, en fin, de los fines de fiesta desolados de Cabiria y La Dolce Vita y alguna escena de Il bidone. Se ve que este Eugenio Martín las había estudiado a conciencia, y luego hizo lo que pudo.

1 comentario:

conde-duque dijo...

Pues tiene muy buena pinta este libro de Kingsley Amis, y más sabiendo que está traducido por mano maestra. Y sí, la versión en español es un libro suyo, no lo dude; sólo por el tiempo y el esfuerzo que le habrá llevado...
En mi post de ayer puede verse un ejemplo claro de cómo es decisiva una buena traducción. Pero parece que en muchas editoriales siguen sin darse cuenta.