martes, junio 26, 2007

DETONACIONES

La doctora de pronto enmarca el rostro entre sus manos, en uno de esos gestos inexplicables que sólo pueden permitirse (en público, al menos) las mujeres. Y le sale una inesperada cara de niña. Se lo digo, cambiando por unos segundos el sentido del interrogatorio: hasta ahora, era yo el blanco de todas las preguntas, de todas las observaciones. Sospecho que mi comentario le ha gustado. Pero, por si acaso, mantiene las manos en la mesa el resto del tiempo, en un circunspecto gesto profesional.

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Cheever, sobre su mujer: "El dolor de la muerte empalidece junto al dolor de compartir la cafetera con una mujer malhumorada".

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Oído a las seis de la mañana: un coche se detiene en la calle, a pocos metros del pie de mi balcón. Oigo una detonación, como de un petardo. Luego, a los pocos segundos, otra. A continuación, el coche arranca violentamente, haciendo chirriar los neumáticos sobre el pavimento. "¿Qué ha sido eso?", dice M., desvelada. "No sé, me han parecido dos tiros de escopeta", respondo, pensando tal vez en Valor de ley, el estupendo western que vimos hace dos noches. Pero los dos sabemos que sólo ha sido una gamberrada. Lo que, en cierto modo, resulta incluso más inexplicable que la otra posibilidad, por desmesurada que ésta pudiera parecernos.

1 comentario:

Gral Stirling Price dijo...

Amen a lo de Cheever y a lo de "Valor de Ley", aunque la niñata resulta demasiado repugnante.