miércoles, junio 13, 2007

LOS MANN


El culto a los valores de "la tierra y la sangre", la acentuación malévola de los valores biológicos a costa de los espirituales, la sobrevaloración del instinto y de la intuición, y la correspondiente devaluación de la crítica, todos estos síntomas de la infección fascista se podían constatar no sólo en la prensa radical de derechas, nacionalista, sino también en el lenguaje exigente de filósofos y literatos de moda.

Leo estas palabras en Cambio de rumbo, las memorias de Klaus Mann. Se refieren al periodo inmediatamente anterior a la toma del poder por los nazis. Pero el caso es que, si suprimimos la especificación "prensa de derechas, nacionalista" y ponemos "medios de comunicación" en general, el diagnóstico podría aplicarse perfectamente a nuestra época. ¿Qué me dicen de la "sobrevaloración del instinto y la intuición", que hoy es prácticamente un dogma de la moderna pedagogía? Donde dice "fascista" pongamos, como solía hacer Jünger, "nihilista", y ya no hay nada en el párrafo que no podamos sentir como inquietantemente inmediato.

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Ah, los Mann. Como los Panero, podría decirse, pero en Alemania.

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No diré nada de mi (nuestra) fascinación juvenil por Muerte en Venecia, la película de Visconti basada en la novela de Thomas Mann. Nuestra primera y última tentación esteticista. Nada más que por eso, merece la pena no echarla en saco roto: fue la mejor vacuna, y de efecto doble: contra los vanguardismos y contra la literatura protestataria, por un lado; contra el propio esteticismo, por otro. Lo que somos ha salido de ahí, de esa película amanerada que algún profesor apocado recomendaba con un énfasis que nos la hacía sospechosa; y que, una vez vista, nos daba ciertos achares confesar que nos gustaba.

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Y ese día, impagable, en el que mi hija me preguntó si La montaña mágica, cuyo grueso lomo le había llamado la atención en las estanterías del pasillo, era un cuento de hadas.

4 comentarios:

Rubén Berrozpe dijo...

Hola José Manuel,

Te leo hace unas semanas con mucho interés. Pero fue la referencia a la muerte en Venecia la que me animó a salir a la palestra, presentarme y hacer una reverencia.

Vi la película en mi edad adulta (o como máximo en la transición desde mi adolescencia a esta última), unos días después de ver El gatopardo, ambas en pantalla de cine - un privilegio en los días que corren. Me causaron honda impresión; Burt Lancaster me transmitió a la perfección la decadencia del hombre clásico, Dirk Bogarde la del hombre moderno. Después de leer el libro de Thomas Mann, me reafirmo: creo que Visconti llegó incluso más allá que Mann a la hora de presentarnos la irresistible podredumbre del hombre romántico: lo de ver muriendo a Mahler en persona no deja de tener un cierto morbo, y por extensión, uno puede personalizar en esta muerte en/de Venecia la de otros célebres románticos, como Wagner, al que solo le falta en su biografía haber tenido querencia por los dulces efebos, ahora que ya se sugiere incluso su travestismo.

Pero bueno, a lo que iba. Nunca había puesto la película de Visconti en la óptica del pre-fascismo, pero viniendo de él no me extrañaría que ello constituyese una posible lectura más (curioso que hablemos de 'lecturas' en el cine, ¿no es cierto?).

Por lo demás me resultó interesante tu reflexión y en cierto modo, sí, comparto las conclusiones de la analogía, que como de costumbre he leído con agrado.

Saludos,

Rubén

Anónimo dijo...

Estimado José Manuel, no encuentro un e-mail suyo así que disculpe que le interrumpa en su blog. Verá, desearía solicitarle el permiso oportuno para incluir su poema DOBERMANN en un libro de poemas sobre perros que ando preparando, si es tan amable de responderme en privado, le explicaré más y mejor. Gracias.

Diego Marín A.
diegomarina@gmail.com

mnpfheuq dijo...

En mis tiempos si no reconocia usted que le encantaba "Muerte en Venecia" podria convertirse en un desterrado social. En cambio hablar de Visconti, de la quinta de Mahler, de Venecia, de decadencia etc... le podia proporcionar a uno acceso a algúna apetecible e ingenua "nínfula". Por eso no entiendo lo de los "achares" que me imagino utiliza en el sentido de "desagrado" o "pena". Lo de celos que es el sentido que siempre le he dado si que no me cuadra·

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Interesante su observación sobre la palabra "achares"; que, efectivamente, significa tanto "celos" como "disgusto" o "pena", según el diccionario de la RAE. Tal como yo la he oído desde mi infancia, significa "reparo", y con este sentido la uso en mi entrada.