miércoles, julio 18, 2007

CUENTOS

Piscina de agua salada, martinis en copas de campana servidos al filo mismo de la piscina, tumbonas, césped, conversación cínica y divertida, mujeres maduras y mundanas, en ese punto de sazón en el que un simple retoque de labios o un modo peculiar de atarse el pareo son como pinceladas maestras a un cuadro acabado... Estos amigos nuestros se han venido a veranear a un cuento de Cheever. Mientras que nosotros, por contraste, parecemos llegar de uno de Aldecoa. Pero nos adaptamos rápido, y a las pocas horas siento ganas, no sé, de nadar todas las piscinas de la urbanización y darle a ese imaginario río un nombre de mujer.

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