martes, julio 03, 2007

GREASE

Recopilo las reseñas recibidas hasta ahora por mi Sexteto de Madrid: dos de ellas favorables, una tercera más bien fría, la cuarta abiertamente negativa. El lector puede acceder a ellas desde los márgenes de este cuaderno. Uno las agradece todas, porque todas implican que ha habido personas que han dedicado su atención al libro y han creído conveniente transmitir sus impresiones de lectura. Lo que no tengo tan claro es si a mí me sirven de algo: unas elogian lo que otras censuran, tanto en lo referente a ciertos rasgos de estilo y constantes temáticas como a la plasmación de éstos en determinados cuentos, que unos destacan y otros consideran fallidos... No sé. A uno le gustaría que la primera premisa para plantear una reseña fuera la aceptación más o menos implícita de las reglas de juego por las que se rige el libro. No se puede juzgar un poema épico desde las expectativas, digamos, que se le suponen a la poesía lírica. Por lo mismo, no se pueden juzgar historias que se quieren cotidianas, y que se imponen a sí mismas una cierta contención expresiva, por los parámetros de la narrativa de evasión, pongo por caso. Pero en esto, como en casi todo lo concerniente al juicio ajeno, uno no puede pedirle peras al olmo, y sí aceptar humildemente todas las opiniones.

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Pero volvamos a asuntos más gratos. Le regalan a mi hija, por su cumpleaños, el DVD de Grease, en una versión especial, conmemorativa del 30 aniversario de la película. La vemos con agrado y con una nostalgia que a mi hija, desde sus doce años, le debe parecer hasta indecente... Pero el caso es que, treinta años después, capto en la película detalles que se me habían pasado por alto en otras ocasiones.

Por ejemplo, el hecho, subrayado por más de un detalle, de que Ryder, el instituto donde transcurre la historia, es una escuela de barrio, a la que asiste la típica clientela desnortada que en España conocemos bien desde que la Logse acentuó las diferencias y distancias entre la educación pública y la privada. Frente a los institutos rutilantes de otras películas americanas, Ryder es un edificio ajado, con las paredes pintarrajeadas, las redecillas de las canastas de baloncesto reducidas a hilachas y los profesores sumidos en esa especie de cinismo bienintencionado de quienes saben que no se les puede pedir milagros.

Otro detalle curioso es que el guión desciende en bastantes ocasiones a explicar o justificar los medios económicos de los que disponen los chicos: el famoso coche Greased Lightning, con el que los chicos de Ryder emularán la carrera suicida de James Dean en Rebelde sin causa, justifica su presencia en la película porque uno de ellos ha trabajado durante el verano y ahorrado lo suficiente para comprar esta memorable chatarra rodante. Tampoco la rutina del fin de semana parece admitir grandes dispendios: para pagar sus hamburguesas y sus helados, los chicos han de juntar sus asignaciones semanales. Llama mucho la atención este "realismo" de fondo, que contribuye no poco a situar la trama intrascendente en un terreno muy próximo.

Y es que en esta película lo importante es siempre lo que sucede en segundo o tercer plano: la banda sonora de viejos clásicos de rock-and-roll que suena constantemente de fondo; las entrañables películas de serie B, como The Blob, que se proyectan en los autocines, la falta de perspectivas de los estudiantes (una de ellas sueña con ser peluquera, hasta que un estrambótico "ángel de la guarda", interpretado por el relamido cantante melódico Frankie Avalon, se le aparece para convencerla de que termine sus estudios en el instituto)... Ni siquiera la muy pretenciosa Rebelde sin causa, que citábamos antes, presta atención a estos aspectos cruciales.

Nada de esto advertimos en su día, claro. Pero lo que sí tenía yo claro, hace treinta años, era que el personaje más atractivo era el de Stockard Channing ("Rizzo"), la golfilla que no tiene reparo en irse de juerga con los chicos y cree haberse quedado embarazada después de un arriesgado lance sin precauciones con el más indeseable de la pandilla. A ella corresponden las dos mejores canciones de la banda sonora: la irónica "Look at me, I'm Sandra Dee", en la que se parodia a las heroínas rubias y virginales del cine americano de los años cincuenta, y "There are worse things I could do", una hermosa balada nihilista que incide, a su manera, sobre el tópico horaciano del carpe diem.

En fin, que echamos un buen rato.

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Y ahora, a la playa.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si mi comentario te servirá de mucho, pero creo que hay desmitificar la crítica literaria y devolverla a lo que es: unos comentarios personales de quien los hace acerca de sus impresiones sobre lo leído. Son siempre meras opiniones personales. Y ellas influye, más aún que la calidad del texto sobre el que se opina, los gustos y criterios del opinante. Los críticos no son dioses que dan y quitan a discreción: son personas normales y corrientes que opinan sobre lo que les da la gana (ni siquiera se precisa que estén realmente preparados para dar opiniones profundas y medidas). Para mí, una crítica es una mera opinión. Y casi nunca me sirven: mi opinión personal es lo que de verdad cuenta.

lanobil, dijo...

Si has intentado dar envidia, conmigo lo has logrado. Rememorar viejos tiempos con una simpática película, y luego ir a la playa. Y yo trabajando en Sevilla a 40ºC. Te felicito por el blog. Un saludo y espero que puedas visitarme.

JLP dijo...

Efectivamente, lo mejor de "Grease" era Stockard Channing, la cual, en su espléndida madurez, se ha convertido en una actriz de culto, quizá no en una gran estrella de relumbrón pero sí en una actriz respetada que ha hecho interpretaciones memorables. Nada que ver con estrellas del sistema tipo Travolta, tan rijoso. Y de la rubia tonta no hay que decir nada.
Saludos.

Zodiac dijo...

Una ves leí un libro suyo. Fue como ver un viejo mueble. Digno, polvoriento, elegante. Pero nadie se lo llevaría a casa.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, amigo o amiga "Zodiac": algunos de los muebles que tengo en casa (no digamos ya los libros) han llegado aquí precisamente por ser lo que usted dice: dignos, polvorientos, elegantes... Salvo el polvo, que siempre se puede limpiar, las otras cualidades son, creo, bastante recomendables. Y conste que no lo digo en defensa propia.

Anónimo dijo...

podrias poner la descripcion de los chicos como son en la pelicula!!!
o alguine sabe donmde encontrar que tengo que hacer un trabajo de como osn los chico s en la pelicula una pequeña descripcion!!!!
merci dew